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Cristina Losada

Vox, el octavo pasajero

Veremos cómo acaba la función. Pero tiene pinta de que no van a ganar este juego del gallina.

Cristina Losada
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Cristina Losada - Vox, el octavo pasajero
La dirigente de Vox Rocío Monasterio | EFE

En el pleno sin candidato de la Asamblea de Madrid, el diputado Errejón, dirigiéndose a Ciudadanos, habló del octavo pasajero. No lo llamó así, porque el cofundador de Podemos no puede tener en su memoria el recuerdo del efecto deslumbrante que nos produjo Alien cuando se estrenó, en 1979 o 1980. Cuando descubrimos, en aquel corazón de las tinieblas espaciales –la nave se llamaba Nostromo y su lanzadera, Narcissus–, al mismo tiempo, al director Ridley Scott y a la teniente Ripley (Sigourney Weaver). Luego se convirtió en saga y perdió, pero aquella primera vez fue inolvidable.

Errejón habló del maletero de un coche, que es un espacio donde en las películas se mete a secuestrados y otras víctimas del crimen, para referirse al comportamiento de Ciudadanos con Vox. "Quieren viajar en el mismo coche que el PP y Vox, pero pretenden que Vox viaje en el maletero y que no se le vea". Lo dicho, un secuestro. Pero, fuera bromas, sí que a Errejón pareció preocuparle la incomodidad del maletero, al punto de que se solidarizó, en cierto modo, con los de Vox. "Y Vox dice una cosa razonable, que quieren que se le vea", afirmó en lo que puede ser su primer y último reconocimiento de que Vox tiene razón en algo.

Lejos de ese guiño retórico, destinado a fastidiar a Ciudadanos, es bien conocida la actuación de los partidos de izquierda existentes respecto al de Abascal. En la película de terror y política-ficción que están montando desde que Vox entró en el Parlamento andaluz, el peligro no es tanto la aparición de esa criatura monstruosa, de ese alien terrorífico, sino su capacidad, aparentemente probada y total, para incubarse gracias a la disposición a portarlo del PP y Ciudadanos, sea de manera voluntaria o involuntaria, que es el caso de Cs, por aceptar sus votos.

El PP y, en especial, Ciudadanos, que está mucho más en el punto de mira del PSOE y Podemos –y sus escisiones– que el propio Partido Popular, meten al alien Vox a bordo de sus Nostromos y así, siempre según la ficción, la criatura malvada podrá llegar al planeta democrático, acabar con todos los derechos allí reconocidos o convertirlo, directamente, en un campo de concentración. Por supuesto, la experiencia andaluza, la constatación de que la Junta formada por PP y Cs con el apoyo externo de Vox no ha suprimido derechos fundamentales ni lleva la región hacia un régimen autoritario y dictatorial, es irrelevante. Hablamos de política-ficción, de un relato, y la realidad importa poco.

La función que cumple Vox en la izquierda política existente está clara. Sirve de coco para meter miedo y para tenerlo, pues el miedo a la ultraderecha tiene mucha demanda entre quienes están necesitados de enemigos absolutos, de malos cada vez más malos, para cubrir el vacío, para llenar unos maleteros ideológicos que se quedaron incluso sin rueda de repuesto. Y en lo inmediato tiene una función en la batalla partidista, que es desplazar a Ciudadanos del centro a la zona siniestra de los ultras, algo que ya tuvo como objetivo Podemos y han hecho suyo los socialistas.

Donde no está claro el papel de Vox es en el campo de la no izquierda. No lo está en un aspecto fundamental como el de formar Gobiernos. Su posición inicial después de las elecciones andaluzas, que era no obstaculizar un Gobierno alternativo al de los socialistas, empezó a variar enseguida y ha terminado por ser casi la contraria. Aunque pugnen por responsabilizar a Ciudadanos, su estatus, como partido con menor representación, no permite justificar fácilmente que eleven sus demandas a condiciones sine que non.

Sus demandas, al final, se han reducido o condensado en una, que consiste en exigir que Ciudadanos revoque su decisión de no firmar acuerdos programáticos con ellos. Esto, que exigen en nombre de la dignidad, conduce curiosamente a que parezcan dependientes. Es como si cifraran el valor de su partido en la posición o actitud que hacia él mantiene otro. Al empeñarse en el pulso con Ciudadanos para que los acepte como socios al mismo nivel que el PP, aunque no van a estar en los Gobiernos, contribuyen a reforzar la política ficción del alien, en lugar de ignorarla. Y al concentrar ahí su presión desplazan por completo del foco aquellas medidas programáticas que pueden negociar con los populares. Veremos cómo acaba la función. Pero tiene pinta de que no van a ganar este juego del gallina. En cualquier caso, todo es más doméstico que el terrorífico Alien.

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