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Cristina Losada

Vuelta a las papillas

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El día en que Fernández de la Vega llamó "tenebrosos" a los curas y los jueces, apeló a la autoridad de un ministro británico, cuyo nombre no reveló, que le había ayudado a identificar a los "inmovilistas". El día aquel también dijo de la Vega que españoles y británicos teníamos "tradiciones y sistemas políticos muy diferentes". Y ahí sí que puede haber algo de cierto. Pues el gobierno laborista del que el ministro anónimo formaba parte, acaba de demostrar, de nuevo, su diferencia: ha nombrado como ministra de Educación a una mujer que pertenece al Opus Dei, Ruth Kelly.
 
Esta católica, experta en economía y finanzas, se opone al aborto, al matrimonio homosexual, a la eutanasia, a la investigación con embriones, y mantiene, en fin, posiciones conservadoras en todo aquello que al gobierno español, bajo el provinciano motto de "seamos la vanguardia mundial", le sirve para marcar distancias con la derecha y arrimar el ascua a las bolsas de votantes potenciales que Tezanos vislumbra por la izquierda.
 
A Kelly la ha nombrado Blair, de quien ya sostuvo Bono, antes de que pudiera imaginar que subiría al Alcázar, que era "gilipollas". Y debe abundar ese género en el Reino Unido, pues se habla de la señora como eventual futura líder del Laborismo. Los socialdemócratas anglosajones son desconcertantes para estómagos habituados a alimentos simples. En Nueva Zelanda se hicieron liberales. En Gran Bretaña se hacen de izquierdas los del Opus. Ni que a propósito para romperles los esquemas a doña Teresa, a las que bajo la bandera feminista acosaron a un vocal del CGPJ por ser opusino y ponerle pegas a una ley "pionera" en Europa, y a tantas y tantos otros.
 
La izquierda española ha seguido el proceso inverso al Laborismo de Blair, que no tuvo más remedio que salir del corner y echarse al centro, y mientras el británico asciende a una del Opus, porque le conviene y porque entiende que las fronteras ideológicas son porosas, aquí reconstruyen el muro y tiran de retórica anticonservadora, anticlerical y guerracivilista y de otras viejas prendas del armario. Como hizo doña Teresa el día aquel, cuando dijo que jueces y curas impedían desde hace siglos los avances. Como si Europa acabara de salir del Antiguo Régimen. Como si no hubieran existido los retrocesos y las tinieblas que aportaron al siglo XX las ideologías seculares como aquella que alumbró el nacimiento de su partido. Y que, por cierto, aún le tiñe las canas con reflejos de panfleto trasnochado. El socialismo español, cuanto más envejece, más vuelve a las papillas de su infancia.

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