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Cristina Losada

Vuelva usted mañana

El funcionario del cafelito y el periódico, del dolce far niente pero cobrando y del vuelva usted mañana, pasea por los foros de opinión y más allá, como si tal condición fuera general y demandara un correctivo contundente.

Cristina Losada
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Si uno acude al diccionario ideológico de Julio Casares, encuentra buena parte de las lindezas que el español le ha ido dedicando al funcionariado. Ahí, términos tan poco apreciativos como covachuelista y presupuestívoro, la sinecura, el turrón, la pera y la ganga, el enchufado y el entretenido, y, por supuesto, el nepotismo. Ese despecho tiene su aquel en un país donde ha sido, y es todavía, aspiración ampliamente extendida la de ocupar un puesto en la Administración del Estado. Razones hay, en nuestra historia, para explicar la contradictoria carga, igual dos caras de la misma moneda, aunque también pueden buscarse en la psicología. Así, con esa tradición a las espaldas, y en esta economía de guerra que impone la crisis, ha podido cuajar lo que Miguel Borra, presidente del CSIF, ha llamado, en este periódico, una campaña de desprestigio de los funcionarios.

Tiene razón el señor Borra en ese punto. Han resucitado, en los últimos tiempos, tópicos denigratorios que parecían sepultados. El funcionario del cafelito y el periódico, del dolce far niente pero cobrando y del "vuelva usted mañana", pasea por los foros de opinión y más allá, como si tal condición fuera general y demandara, claro está, un correctivo contundente. La naturaleza humana. Cuando llega la hora de hacer sacrificios, se buscan chivos expiatorios y el funcionario, con su envidiada seguridad en el empleo, aparece como víctima propiciatoria. Pero el presidente del CSIF no lleva tanta razón cuando afirma que los servidores públicos han sido los más castigados por la crisis, a excepción de los millones de parados. Eso es discutible. En el sector privado, muchos comerciantes, pequeños empresarios y profesionales liberales, no se han hundido del todo, pero han visto muy mermados sus ingresos y luchan por sobrevivir en un entorno adverso.

Es injusto, desde luego, que la imagen del funcionario se reduzca al trazo grueso de la caricatura, y que se olvide, de forma sistemática, que funcionarios también son los médicos, los policías o los profesores. Téngase en cuenta que, en el conjunto de las autonomías, ese personal, más el de justicia, constituye el ochenta por ciento. Pero luego gira, en torno a esta y aquella administración, ya sea autonómica, local o estatal, una nebulosa de empresas, fundaciones, corporaciones y "chiringuitos" que sirven de coto para esas agencias de colocación que son los partidos. En esa espesura no sé si habrá que entrar con el machete o con el hacha. Pero en la necesidad de podar esa arboleda, pienso que los funcionarios estarán de acuerdo.

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