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Cristina Losada

¿Y la Fiscalía de quién depende?

Sólo transpira una lógica esta pública atadura de la Fiscalía al yugo del Gobierno. Es la lógica del pacto con la Esquerra.

Cristina Losada
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Sólo transpira una lógica esta pública atadura de la Fiscalía al yugo del Gobierno. Es la lógica del pacto con la Esquerra.
Pedro Sánchez saluda al golpista Oriol Junqueras en el Congreso de los Diputados | EFE

Aquel gazapo de Pedro Sánchez, cuando hacía ver que tenía gran interés en que se detuviera a Puigdemont, no era, oh sorpresa, un gazapo. Fue en una entrevista en Radio Nacional. Se impacientó y le lanzó el dardo al entrevistador. Dos veces: "¿Y la Fiscalía de quién depende? ¿De quién depende?". Respondió el otro con voz apagada, insegura: "Del Gobierno". Y se declaró satisfecho el presidente: "Pues ya está". En efecto, ya está. La realidad imita al gazapo. Su titular de Justicia va a salir por la puerta del Ministerio y, sin cambiar siquiera de peinado, va a entrar en la Fiscalía General. Este es el plan. No son puertas giratorias; es una pasarela. Un desfile para exhibir la dependencia de la Fiscalía respecto del Gobierno. Para exhibir quién manda, y que tomen nota quienes tienen que tomarla.

La lógica de la decisión es diáfana. No es la lógica de la despolitización de la Justicia. Ese desiderátum figura en los programas del PSOE desde que quiso sumarse, de algún modo, a la agenda regeneracionista, y allí viene cumpliendo su finalidad decorativa sin mayores riesgos. Sin riesgos de que se aplique. De hecho, la ocasión en que se les ha visto más cerca de actuar en ese punto, de tomarse en serio al menos la despolitización de la Fiscalía, fue cuando el Gobierno del PP, hace tres años, nombró para el puesto a José Manuel Maza. La nota que alumbró entonces el partido de Sánchez se ha rescatado en la red social Twitter. Decía esto:

La tacha que le veían los socialistas a Maza, que fallecería un año después, era su "trayectoria". Aunque esa trayectoria no incluía haber estado en un Gobierno del PP –como ministro de Justicia, por ejemplo–, les parecía inadecuada: "Su trayectoria como magistrado no garantiza en absoluto el perfil independiente que requiere la figura de fiscal general". Y como las trayectorias pueden hacer cosas inconcebibles, alertaban:

La trayectoria conservadora de Maza puede dejar en una posición de subordinación al Ministerio Fiscal frente al Gobierno y no parece la persona indicada para trabajar en favor del consenso requerido en una legislatura sin mayorías absolutas.

Esta de ahora es también una legislatura sin mayorías absolutas, pero es obvio que los socialistas han cambiado de opinión sobre el perfil que necesita la Fiscalía General. ¿Perfil independiente? Nos lo ahorramos. Si todos sabemos de quién depende –el primero que lo sabía era Sánchez–, para qué vamos a fingir. Para qué fingir, maldita hipocresía, cuando se puede dejar bien establecida desde el principio la subordinación. Hay que alabarle que haya encontrado el modo más eficaz de indicar, marcar o subrayar esa posición subordinada: colocar en la Fiscalía a la que era su ministra de Justicia hasta ayer. En cuanto a trabajar a favor del consenso, olvidemos ese aspecto deplorable. Olvidemos, en realidad, la deplorable nota del PSOE del 11 de noviembre de 2016. Porque será, a todos los efectos, como si nunca hubiera existido. Polvo eres. La hemeroteca, como los programas, está para incumplirla.

Sólo transpira una lógica esta pública atadura de la Fiscalía al yugo del Gobierno, prescindiendo ya de intentos de crear, magia mediante, la ilusión de independencia. Es la lógica del pacto con la Esquerra. La recogía el texto firmado con la fórmula desleída de "superar la judicialización". O, como dice otro barbarismo en uso, desjudicializar la política. Y Sánchez ha llegado a una conclusión. Ha determinado que para desjudicializar la política tiene que politizar más la Justicia. Sólo así, con un control más intenso del Gobierno, podrá aflojarse el brazo judicial que rodea a los separatistas condenados. La toma de la Fiscalía nunca se había hecho en horas tan diurnas, sin el abrigo de la oscuridad. Será porque es necesario dar pruebas inmediatas de que se cumple. Habrá quien se remonte a lo de Moscoso, en 1986, otro ministro que pasó a la Fiscalía de un día para el otro, pero por el texto, el pretexto y el contexto es incomparable.

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