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Cristina Losada

Zapatero, El País y la fantasmada

Los alumnos han salido ranas. Ranas que se creen príncipes y no soportan que les den lecciones. Quien quiera dárselas, aunque sea durante dos tardes, cae en desgracia.

Cristina Losada
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Un fantasma recorre el mundo feliz del zapaterismo. Para entreverlo basta escuchar a una cualificada representante de ese planeta y poner su dialéctica cabeza abajo. Ha asegurado Leire Pajín que no hay distancia alguna entre la vieja y la nueva guardia, términos que, dijo, le hacen gracia, y que la "gran virtud" del proyecto de Zapatero (a saber cuál) es que representa a todas las generaciones y que todas las generaciones están representadas en él. Cósmica la reflexión. Cómica también. Y vacua. Pero eso es lo que tiene pertenecer a una galaxia con enormes agujeros. Tanto es así que algunas estrellas se escapan y de qué manera. Caso de Solbes, Sevilla, et altrii.

Hay desbandada y un temblor interno, manifiesto en la letanía de que el PSOE es un solo hombre y hasta un gran ejército, como dijo Griñán, el de Andalucía, que no está en la onda del pacifismo. Para empeorar las cosas, Saturno se ha empeñado en devorar a sus hijos. A morderles, por lo menos, se dedica el Grupo Prisa, y eso sí que tiene gracia. Pues Zapatero y el resto de la tropa son, al cien por cien, producto de su huerta. No habrían llegado arriba ni se hubieran mantenido sin su concurso. Pero, además, aprendieron cuanto saben en las páginas del diario, ayer independiente, hoy global, aunque sólo fuera leyendo titulares. Y resulta que ya crecidos, los discípulos han de aguantar que el maestro les afee su "rancia retórica", como si no se la hubiera enseñado él mismo, o les reproche que no sepan ser socialdemócratas. ¡Cómo si lo supiera!

Los alumnos han salido ranas. Ranas que se creen príncipes y no soportan que les den lecciones. Quien quiera dárselas, aunque sea durante dos tardes, cae en desgracia. Para esa clase de ex pupilos supone una provocación inadmisible la presencia de personas con mayor caudal de conocimientos y experiencia. Las mismas que amamantaron a esos apparatchik descarados, maniqueos, simplistas e indoctos que son la enfermedad infantil del Partido Socialista. Ahora, los padres de la criatura se echan las manos a la cabeza, hacen visajes y amenazan con bajarla del pedestal a editorialazo limpio. Tarde llegan. Les ha perdido el respeto. No tiene miedo de fantasmas y de fantasmadas, menos.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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