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Cristina Losada

Zapatero, insostenible

Hacer del país del ladrillo un enclave de la sociedad del conocimiento, por obra y gracia del Gobierno, era una fantasía digna de ese gran admirador de Disney que es el presidente, pero nada más. Aún así, podía haber hecho un amago y ni eso.

Cristina Losada
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A lo peor, alguien se había tomado en serio que los actos del Gobierno iban a concordar con su retórica. Que elaboraría unos presupuestos austeros, subiría los impuestos sólo a los ricos, cambiaría el modelo productivo y avanzaría hacia esa terra incógnita que llaman "economía sostenible". Sólo desde la ingenuidad puede explicarse la mezcla de sorpresa y decepción que ha causado el proyecto, incluso entre quiénes conocen el percal, como Sevilla y Solbes, quien ahora desaprueba el rumbo que aprobaba hasta hace poco.

Hacer del país del ladrillo un enclave de la sociedad del conocimiento, por obra y gracia del Gobierno, era una fantasía digna de ese gran admirador de Disney que es el presidente, pero nada más. Aún así, podía haber hecho un amago y ni eso. Los presupuestos recortan los fondos para I+D, lo que ya ha provocado la protesta de los científicos y alguna renuncia. Tendrán que hacerles entender que subvencionar a la parroquia de la ceja y a las guionistas del cine español es mucho más importante que el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, cuya financiación sólo ha caído un 8 por ciento, por lo que Barbacid, obviamente, se marcha por razones personales. Y que ante el dilema de mantener el Ministerio Aído y sus campañas de género incalificable, o sostener a la ciencia, el Gobierno optará siempre por lo primero. Está en su naturaleza.

El equívoco que nubla la comprensión de la política económica del Gobierno consiste en dar por sentado que si no tiene una, al menos, pretende tenerla y que, en definitiva, la economía le interesa. Pues no. El zapaterismo es una fase del socialismo que ha dejado atrás aquel entusiasmo por el progreso material que lo caracterizaba, aunque luego obtuviera los resultados contrarios. Las circunstancias le han obligado a hacer como que hace algo ante la crisis, pero su hábitat preferido es una época de abundancia, que le permita explayarse sobre los males del crecimiento económico. Ahí está como pez en el agua, mientras que en la recesión no se halla. Para salir del paso, recurre a latiguillos como la "economía sostenible", que o no quiere decir nada o significa el regreso a la planificación centralizada.

El homo economicus es, en lo que al zapaterismo respecta, una especie extinguida y, sobre todo, políticamente irrelevante. No es dirigiéndose a él como gana elecciones. Por lo que cuanto proponga será anti-económico. Zapatero se sostiene en lo insostenible.

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