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Cristina Losada

ZP se pone rouge

Un colorcillo de bote, un colorete como el que se dan sus amigos de la biutiful, artistas y cantantes, periodistas e intrigantes, que encuentran muy chic vivir como rajás y proclamarse rojos

Cristina Losada
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Zapatero dice que no ha aprendido nada de la derecha. Bueno, conviene aprender del adversario para ganarle, pero allá él; hay gente en la que el saber ocupa lugar y no puede permitirse excesos. Blair, por ejemplo, aprendió de Thatcher y así le ha ido al “gilipollas”: tres mayorías. Eso sí, la última de carambola, pues hubo de hacer frente a la esforzada campaña de algunos españoles por conseguir que cayera, al menos, otra cabeza de la cumbre de las Azores. Y es que, bien mirado, de quien no ha aprendido nada ZP es de la izquierda. Ni de sus aciertos ni de sus errores.
 
De Santiago Carrillo no ha aprendido ni pizca. El antiguo dirigente del PCE sí que sabe en qué consiste eso de “ser rojo” de lo que ZP presume. Y consiste, llegado el caso, en exterminar al adversario. Uno que no sólo está fuera, sino dentro, pues el totalitarismo es una máquina que necesita producir enemigos para liquidarlos. Si ya ha acabado con los externos, se los inventa en sus propias filas. Ahí está, y cada día se revela más larga, la lista de sus crímenes. Incluidos los de comunistas que fueron ajusticiados por traidores y fascistas en todos los regímenes y todos los partidos que enarbolaban bandera roja.
 
Tampoco ha aprendido del otro Carrillo, del que preconizó la reconciliación nacional y pactó la Transición, pues todo eso se lo está cargando a marchas forzadas. Y conviene recordar quién empezó. Que fue su partido el que decidió embarcarse en el desentierro de cadáveres y de odios, y en una reinvención de los dos bandos. Tras la mayoría absoluta de Aznar, no encontró otro modo de remozar su maltrecha identidad que fabricando una falsa izquierda beatífica y una derecha neofranquista para sus juegos de propaganda.
 
Y no ha aprendido ZP nada de Mitterrand, que insufló aire a la extrema derecha para que le mordiera los talones al adversario a la hora de las urnas, y legó a sus sucesores un Frente Nacional que le roba votos a la extrema izquierda. Cuidado, que el rojo y el negro son como el ying y el yang. ¿Es ésta la operación que incuban mediante alardes de rojerío los socialistas de ZP? Para que tengan éxito estos maquiavelismos hace falta talento; no basta el talante.
 
Pero, a fin de cuentas, ¿cuál es el tono de rojo que le gusta a ZP? ¿El crepuscular de sangre de otrora y aún ahora? ¿O es el suyo, como parece, un toque de rouge en las mejillas? Un colorcillo de bote, un colorete como el que se dan sus amigos de la biutiful, artistas y cantantes, periodistas e intrigantes, que encuentran muy chic vivir como rajás y proclamarse rojos. Rojos serán por frívolos e indocumentados, por ignorantes y petimetres. Un rojo, el suyo, de clown. Payasos tristes.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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