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Cristina Losada

ZP y sus fantasmas de ocasión

El partidario de expulsar a la religión del espacio público, metido de hoz y coz en un acto político-religioso y conservador para más inri. Pero, ¿qué es esto? Esto es puro oportunismo, sin principios, sin escrúpulos, genuino producto de la factoría.

Cristina Losada
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El ex ministro Jordi Sevilla no aprueba que Zapatero acuda al Desayuno de Oración al que le ha invitado Obama. Ni él ni los votantes socialistas entenderían, dice, que asista a un acto "montado por un grupo que en España llamaríamos bastante conservador". Él mismo lo tildaba de "ultra" en su blog y a sus anchas, pero en Onda Cero, donde así habló, optó por moderarse. Una cosa es sostener durante años la existencia de un fundamentalismo religioso en Estados Unidos como dogma progresista, y otra, acusar al nuevo mesías de esa fe de integrista.

Sevilla comprende, como cualquiera, que Zapatero irá a un rezo de los ultras y hasta cantará espirituales si Obama se lo pide. La malicia del que en vano intentó enseñar economía al presidente radica en colocarlo frente a sus contradicciones. El partidario de expulsar a la religión del espacio público, metido de hoz y coz en un acto político-religioso y conservador para más inri. Pero, ¿qué es esto? Esto es puro oportunismo, sin principios, sin escrúpulos, genuino producto de la factoría.

ZP se labra fama de comecuras porque la identificación con la izquierda depende sólo de viejos fantasmas. Cuando el coco se llama derecha franquista, se urde la memoria histórica y se retiran cuatro estatuas que aún quedaban, para invocarlo. Si alguien protesta, son los nostálgicos. Que el espectro es el nacionalcatolicismo, ahí llegan el aborto o la retirada de crucifijos para hacer pupa y demostrar que está vivo. La provocación, en ocasiones, funciona de maravilla. Como en el caso de los crucifijos, que recuerda lo que contaba Julio Camba sobre la secularización de cementerios ordenada por la República.

Se trataba de echar abajo las barreras que se interponían entre unos muertos y otros, pero resultó que no había y "el desengaño fue tremendo". En un camposanto de Barcelona "hubo que construir una valla de verdad para derribarla luego y poder decir que no había valla alguna". Haciendo de República. Haciendo de izquierda. No existían aquellas barreras, como no existen las criaturas que el socialismo se afana en resucitar, salvo en reductos marginales. Pero están arraigadas en el imaginario del progre español y desempeñan la función del hombre del saco. Amedrentar y dar votos. Al aprendiz de brujo no le importa que su poción envenene la convivencia. Fuera de aquí, si Obama manda ir a misa, va a misa.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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