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Dembélé y la presión

Valverde planea dos opciones: cambiar el sistema, reforzando el centro del campo, o poner a Deulofeu en el sitio de Dembélé y no mover nada.

Daniel Blanco
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Ousmane Dembélé, lesionado en el campo del Getafe. | EFE

Tocó con el tacón y se le vino el mundo encima. Lo que era un recurso, que tan sólo pretendía dejar el balón a un compañero para marcharse en velocidad, se tornó en desgracia. A Ousmane Dembélé, 20 añitos y todo un referente en lo económico en el
Barcelona de este verano tan abrupto, la ciudad de Getafe no le traerá buenos recuerdos. Pidió el cambio sintiendo una pedrada atrás muy dolorosa.

Las pruebas del domingo confirmaron los peores pronósticos. Se pensaba en un primer momento que Dembélé estaría fuera unas tres semanas. Pero no. Cuatro meses de ausencia por una rotura del bíceps femoral, una lesión muy fastidiada en el mundo del fútbol.

De repente, Dembélé volverá en febrero. Como si no hubiera pasado nada, en un abrir y cerrar de ojos la temporada se torna en complicada. De repente toda esa presión que el jugador lleva consigo se vuelve pesadilla. Ha costado mucho más de lo que realmente puede valer, víctima de una sobrecarga del mercado brutal desde que Neymar se marchó a finales de julio. Ha sido muy compleja la operación para ficharle y ahora, en una décima de
segundo, un recurso futbolístico se torna en drama. Dembélé puede acusar de forma negativa todo esto que tiene detrás, como si llevara a la espalda una pesada mochila. Y puede ser que, de golpe, el factor psicológico es el que haya influido en la desdicha del jugador.

Me acuerdo de Robert Prosinecki, a quien multitud de lesiones no le dejaron ser en el Real Madrid el bombazo de jugador que era en el Estrella Roja que se proclamó campeón de Europa en 1991. Al croata no le dejaron de pasar cosas en su etapa en el Madrid y recuperó algo de su fútbol con Radomir Antic en el Oviedo de la temporada 1994/95. Me acuerdo de tantos y tantos futbolistas a los que una lesión les ha hecho polvo. Qué me dicen, por ejemplo, de Paul Gascoigne, que se rompió el cruzado en una final de Copa en 1991 y no volvió a ser el mismo.

Ahora por la cabeza del jugador del Barcelona pasarán mil cosas. Una, seguro, la pronta recuperación. No hay que dudar que volverá bien. El asunto es cómo gestiona él su vuelta, cómo vive el jugador todo este periplo y cómo vive el postoperatorio, un trauma para
muchos que ansían tanto en volver que fuerzan de manera negativa el retorno.

El club se ve en un dilema con la baja del francés. Valverde planea dos opciones: una, cambiar el sistema, reforzando el centro del campo (Busquets, Rakitic, Paulino e Iniesta / Sergi Roberto, dejando a Messi con libertad y a Suárez arriba); y, dos, poner a Deulofeu en el sitio de Dembélé y no mover nada. Para partidos fáciles esto resulta; para encuentros de tensión, de choque, la primera opción le gusta más al técnico.

Será cuestión de observar cómo se mueve el Barcelona sin el fichaje más caro de su historia. Cómo reacciona y cómo vive estos momentos de principio de temporada, porque a finales serán duros por la plantilla del equipo, corta, o, al menos, no tan larga como la de su rival acérrimo. Hay que ver, y es lo que más preocupa, cómo vuelve Dembélé. Nada hace presagiar que mal, pero con 20 años hay que mimarle mucho. Será vital.

Daniel Blanco es subdirector de El primer palo

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