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Daniel Rodríguez Herrera

132.000 razones para cesar a Regàs

Es lo que tiene el dinero público, que no es de nadie, que diría la que nombró a Regàs. Hasta el mismo instante en que pasa a ser de alguien, claro.

Daniel Rodríguez Herrera
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Casi parece que Regàs haya dimitido al estilo de Bono, según suele decir el Grupo Risa. Ya saben, su alter ego en La Mañana proclama lo de "yo dimití" para mascullar a continuación: "porque me echó el hijoputa este". Así pues, entre acusaciones al ministro de mirarla mal por ser mujer, que ya parece que el feminismo haya superado al nacionalismo entre la extrema izquierda como refugio último de los canallas y los incompetentes, no ha podido defenderse del motivo último de la pérdida de confianza del ministro Molina: seguir de vacaciones tras el robo de dos mapas incunables, ocurrido después de que Regàs tomara medidas para evitar que la Biblioteca pareciera "un recinto carcelario".

Aunque ese sea motivo más que suficiente para cesarla por incompetente, por poner la ideología buenista que tanto aprecia Zapatero por delante de su responsabilidad para con los fondos que tenía obligación de preservar, existían también razones relacionadas con Internet para haberla cesado hace mucho tiempo, por más que la Calvo, seguramente, ni siquiera sea capaz de deletrear correctamente el nombre de la red de redes. No obstante, no son las que detallaba Gabriel Albiac en su columna de La Razón el pasado viernes, cuando protestaba porque los fondos de la Biblioteca Nacional no estén ya disponibles en la web. El caso es que han comenzado ya a digitalizarlos, aunque sólo hayan completado parte de la hemeroteca, pues es cosa que lleva tiempo.

Cabría desear, eso sí, que en lugar de acometer diversos proyectos con muchas bibliotecas en los cuales debemos indagar, uno por uno, para localizar algo que luego seguramente no esté digitalizado, la Biblioteca Nacional debería aportar un interfaz único, consistente en algo que se ha convertido en parte del idioma de la web, en algo que no hace falta explicar: una simple y única caja de búsqueda. Así, entre otras cosas, se ahorraría sus complicadas instrucciones de búsqueda.

Además, debería considerar la apertura de sus contenidos a proyectos como Google Book Search o el Open Content Alliance de Yahoo!, que, dicho sea de paso, parece más bien parado. La web ofrece interfaces universales al conocimiento y a los libros; sería una sabia decisión que los contenidos conservados por nuestra Biblioteca Nacional pudieran accederse desde el lugar en que los internautas buscan lo que quieren encontrar. Que no es, con todos mis respetos, las anquilosadas web de vetustas bibliotecas. Ni siquiera se pueden buscar títulos de nuestro país en la European Library, que es una cosa estatal, de esas que molan a los socialistas de todos los partidos.

Pero ni siquiera ese es el defecto más significativo de la andadura de Regàs en lo que se refiere a las nuevas tecnologías; es sólo el más importante. No, lo más reseñable de su reinado sobre la Biblioteca ha sido el rediseño de la página web, asignado a dedo y que ha costado 132.000 euros del ala. Y todo para una auténtica porquería, que de aspecto parece una web del siglo pasado, y sobre cuya funcionalidad basta con dar un dato: su buscador está hecho con Google Custom Search, una utilidad gratuita de la empresa norteamericana cuya instalación en un sitio web puede llevarle, como mucho, una hora a un informático manco al que le duela la cabeza. También emplea el sistema de estadísticas del gigante de Internet que, sí, también es gratuito y aún más fácil de instalar. Lo sé bien porque una web mía utiliza ambos. Pero nadie ha cobrado 132.000 euros por ella. Es lo que tiene el dinero público, que no es de nadie, que diría la que nombró a Regàs. Hasta el mismo instante en que pasa a ser de alguien, claro.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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