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Daniel Rodríguez Herrera

Cambiar la realidad

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Desde que las encuestas en Internet existen, existe el "voto organizado". Era especialmente notable en sus inicios, cuando pocos éramos los internautas, y muy pocos votos podían hacer inclinar la balanza a un lado u otro. Aún se recuerdan, con cierta hilaridad, los votos que se realizaron desde las sedes de Polanco en encuestas "enemigas" para asegurarse de que González salía vencedor en la Red en una de sus más lamentables actuaciones parlamentarias frente a Aznar.

Desde entonces, los programadores se han afanado en crear barreras para impedir que un mismo señor meta varios y repetidos votos en las urnas virtuales. El más preciso es dejar una cookie en el ordenador del usuario. Estas "galletitas" son pequeños trozos de información que los servidores de páginas web pueden dejar en nuestros navegadores. Si en esa cookie indicamos que este usuario ha votado en la encuesta sobre las virtudes de las fianzas en la Audiencia Nacional, ya no podrá hacerlo de nuevo.

Desafortunadamente, cualquier usuario mínimamente experimentado sabe que se pueden desactivar las cookies o, incluso, borrarlas "a mano". Si se emplea Internet Explorer, por ejemplo, basta con borrar un fichero y todo nuestro paso por el trance demoscópico quedará eliminado. Por ello, se han empleado otros métodos como es el registro de IP. Cada ordenador que está conectado ahora mismo a Internet tiene asignado un número IP único, de modo que registrando los números IP desde los que se vota, deberíamos poder impedir el voto múltiple, ¿verdad? Pues tampoco.

Este sistema tiene dos defectos. El primero es que es posible que más de un ordenador estén asignados a una sola IP. Esto sucede en las redes empresariales y caseras que comparten conexión a Internet. Imagínese que no podemos votar en una encuesta sobre el futuro del Barça con Van Gaal porque el condenado merengón del cubículo de al lado ya lo ha hecho. ¡Es un escándalo! Pero es que además hay otro problema, aún más grave. Cuando nos conectamos a la red a través de un módem, nuestro proveedor nos asigna un número IP distinto al que teníamos en nuestra anterior conexión. De modo que podemos burlarnos del sistema votando, desconectándonos, reconectándonos, votando de nuevo, desconectándonos, re... bueno, se hacen una idea, supongo.

En definitiva, es difícil asegurarnos de conseguir que todos voten y nadie lo haga dos veces. Pero aunque lo consiguiéramos, podrían venir unos pocos cientos de miles de coreanos y cambiar por completo los resultados. Y aquí es donde llega la verdadera pregunta, la cuestión crucial. ¿Qué puede mover a alguien a votar en el periódico de un país extranjero en una encuesta que, en el fondo, no le importa demasiado a nadie? ¿Por qué nos empeñamos en desvirtuar esos resultados? Sospecho que, cuando la realidad no nos gusta, procuramos negar su existencia. Conseguir que una encuesta dé la vuelta y diga lo contrario es un método como otro cualquiera. Propongo que mañana Libertad Digital ponga una encuesta en que pregunte quien va ganar este Mundial (sí, don Amando, en masculino). Yo votaré por España, ¿y usted?


Daniel Rodríguez Herrera es editor de Programación en castellano.

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