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Cervantes no es internauta

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A algunos lectores les parecerá una extraña felonía, pero he de reconocer que no me gusta la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Tras tan largo título, se esconden un enorme archivo de libros en español, con derechos de autor caducados, tanto de autores en nuestra lengua como de traducciones de autores como “Juan Bautista” Say. Una gran idea, y de mucha utilidad. Algo que mejora, en teoría, Internet. Lo malo es que sus responsables no parecen entender qué es la red o no les interesa saberlo.

Verán, en el párrafo anterior he puesto un enlace a la ficha de un autor concreto cuya obra está almacenada en dicho sitio web, además de otra a la portada del mismo. Bueno, pues por ello estoy amenazado con acciones legales por parte de la Universidad de Alicante, debido a una de las más absurdas obras de arte pseudojuridicas que he tenido la desgracia de leer: las “normas de enlaces”. Vaya, lo siento. Acabo de hacerlo otra vez.

Si no quieren leerse dicho bodrio, les resumiré su contenido. Pese a que la biblioteca es gratuita y no requiere registro alguno, se prohíben los enlaces a la misma salvo previa autorización, que se concede en un plazo de 15 días tras rellenar un formulario. Eso sí, está terminantemente prohibido el enlace a una obra en concreto, entre otros muchos enlaces. Por supuesto, indican que para hacer esto se rigen por las leyes españolas, pero no pueden indicar por cuales, ya que hasta la fecha enlazar no es delito.

Pero esas no son las únicas medidas tomadas. Para evitar que los buscadores indexen sus contenidos, emplean unos enlaces con un formato muy intrincado, empleando Javascript, que es un lenguaje que entienden casi todos los navegadores pero no los robots de búsqueda que emplean empresas como Google o Altavista. Claro que eso también impide que los usuarios puedan emplear programas como WebStripper para bajar los libros que le interesen y leerlos tranquilamente en su ordenador. Todo sea por el usuario.

En definitiva, que preferiría que nuevos proyectos bibliográficos fueran puestos en otras manos, que supieran de libros pero también de Internet. Y que tuvieran un poco de respeto por sus usuarios.

Daniel Rodríguez Herrera es editor de Programación en castellano.

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