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Daniel Rodríguez Herrera

Exceso de contraseñas

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Siempre me ha hecho gracia ese generoso porcentaje de los estudios que se publican, cuyo único resultado parece ser demostrar lo evidente. Recuerdo que hace ya unos años, en mi época de estudiante, me comentaron que una universidad había gastado unos cuantos fajos de billetes en demostrar que los conductores frenan cuando ven un coche de la Guardia Civil, aunque su velocidad sea legal. Extraordinario descubrimiento, sin duda, digno de figurar en los anales de la ciencia.

Han publicado recientemente otro de esos estudios, que muestra cómo dos tercios de los usuarios anotan en papelazos y post-it sus contraseñas de usuario. Lo que sorprende es el número tan elevado de usuarios que no lo hace. Quizá empleen sistemas alternativos, como guardar todas sus contraseñas en un documento que, por supuesto, no está protegido con contraseña.

Y es que, aunque no lo parezca, con los ordenadores tan potentes con los que trabajamos, averiguar la contraseña de un usuario es una labor relativamente sencilla si éste no se ha preocupado de que sea una mezcla ininteligible de números y letras. Los programas se encargan de ir probando infinidad de variaciones, y antes de probar secuencias aleatorias, comprueban números, posibles fechas, palabras del diccionario, etc.. Por ello, los expertos suelen aconsejar que se cambie de contraseña cada mes, que no se apunten y que sean una secuencia de números y letras sin significado aparente. Pero claro, la naturaleza humana supone un abismo infranqueable para los deseos de los administradores de sistemas informáticos.

No obstante, existe un truco que nos permitirá lograr esos objetivos. Consiste en tomar una frase que recordemos con facilidad y escoger la primera letra de cada palabra. Tomemos, por ejemplo, el famoso cuento de Monterroso: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Si empleamos la primera letra de cada palabra, obtendríamos "cdedtea". No obstante, siempre es mejor intercalar números, así que, si me permiten la herejía, cambiemos la frase por "Cuando despertó, el quinto dinosaurio estaba hecho un ocho". Ahora la contraseña es "cde5dehu8". Cumple las reglas, sin duda.

Aún así, las frases que escojamos deben ser poco conocidas, porque los programas pueden estar equipados con un diccionario de frases hechas. De modo que nada de lugares de la Mancha, que los intrusos sí se acuerdan del nombre. Por ello podemos emplear otra alternativa, más divertida, que consiste en crear primero la secuencia aleatoria y, a partir de ella, la frase. Así, "fd98em3n" podría ser "Federico del 98 enmudeció mirando 3 níscalos". ¿Lo recordaré?


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