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Factual, el otro periódico del futuro

La dimisión de Arcadi Espada dos meses después de poner en marcha Factual ha sido recogida con indisimulable regocijo por los mismos que lamentaron el deceso de Soitu. Parece ser que uno sólo puede ser moderno y rompedor si ha recibido el sello de aprobación de la progresía dominante en los medios. No es que Espada sea precisamente de derechas, pero como en algunos temas concretos es muy contrario a la ortodoxia zapateril, cometiendo incluso el pecado de apoyar el nacimiento de Ciudadanos ante el nacionalismo rampante en el PSOE, pues parece merecer todo lo que le pase.

El caso es que Factual ha fracasado, primero y de forma prácticamente exclusiva, por ser de pago. Periódicamente se suceden intentos de cobrar por las noticias en un ambiente, el de internet, sobresaturado de información gratuita. Naturalmente, la única vía posible para que algo así tenga éxito es la diferenciación: disponer de abundante información que no tengan otros, de interés para un número suficientemente elevado de personas con el nivel adquisitivo suficiente. Es el modelo del Wall Street Journal, que incluye una parte gratuita además de la de pago.

Obvio es decir que no todo el mundo puede optar a algo así. Resulta especialmente difícil si no eres... pues eso, el Wall Street Journal. Y un medio nuevo nunca lo es. Factual se la jugó al prestigio de su director, confiando en que los suscriptores iniciales –atraídos por la personalidad de Espada– lo hicieran crecer mediante el boca a boca, o el correo a correo. Los contenidos eran buenos, pero resulta difícil concluir que tuvieran un valor añadido tan alto. Así que todo se reducía a si apostar o no 50 euros a que Arcadi Espada terminaría pulsando la tecla adecuada.

La realidad es que en dos meses Factual no llegó a cubrir gastos, sospecho que ni de lejos, y sus propietarios no han querido esperar a ver qué sucedía. La ex subdirectora, con esa manía tan progre de culpar al que pone la pasta, cree que el problema está en que no era un medio de derechas como esperaban los dueños y por eso, y no otra cosa, han cerrado el grifo. Podría ser, porque parece poco tiempo para evaluar una apuesta tan arriesgada. También existe la posibilidad de que el resultado estuviera tan alejado de lo esperado que quisieran cortar lo antes posible y conservar así el suficiente capital para darle la oportunidad a un modelo de negocio más tradicional. Y si encima el nuevo proyecto podía situarse más cerca de su línea ideológica, tanto mejor. Son los que pagan.

Factual tenía algún problema más, especialmente de diseño. Arcadi Espada quiso diferenciarlo de lo que había. Sin embargo, lo que hay es así porque ha demostrado que funciona. Ofrecer un diario digital que no tiene nada que ver con ningún otro en su estructura y diseño es, salvando las distancias, como sacar un periódico de papel sin columnas. Esa división en los diarios tradicionales tiene su lógica y se inventó por una razón, o una serie de ellas. Sospecho que Espada quiso hacer realidad su visión de lo que debía ser un digital sin analizar debidamente por qué nadie lo hace así. Como argumenta Carmelo Jordá, Factual y Soitu pretendían hacer el periódico del futuro, sin darse cuenta de que en el presente no le interesaba a casi nadie. Aunque al menos lo de Arcadi sí era realmente rompedor.

Un diario digital tan raro puede llegar a funcionar, pero es difícil que lo haga, sobre todo si además obligas a pagar. De modo que sólo nos queda musitar una oración por la defunción del antiguo Factual, y desearle suerte al nuevo, aunque sólo sea por los amigos que participan en el proyecto.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

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