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Google reconoce su fracaso en el vídeo

Resulta preocupante que el gigante californiano se haya visto superado precisamente por no haberse centrado en el usuario, algo que lo había caracterizado siempre. Puede que éste sea el primer síntoma realmente grave de debilidad de Google.

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La compra de YouTube por parte de Google es la primera en la que la empresa californiana debe afrontar un gasto considerable al estilo Yahoo o Microsoft. Sin embargo, les ha salido relativamente barato, o eso piensa el mercado, puesto que sus acciones han subido lo suficiente desde que saltaron los rumores de la adquisición como para que Google haya crecido en capitalización más del doble de lo que le ha costado YouTube. El gigante de las búsquedas se había especializado hasta ahora en compras pequeñas, generalmente de empresas que ofrecían un producto interesante y prometedor que se complementaba bien con la gama de servicios de Google y al que hacían crecer dentro de la compañía. Así, a lo largo de los últimos años adquirió Blogger, Picasa, Writely, Deja News (ahora Google Groups), Applied Semantics (cuya tecnología aplicó a sus servicios publicitarios), Kaltix (Google Personalized Search), Keyhole  y Zipdash (Google Maps) o Urchin (Google Analytics).

Pero ya existía Google Video. De hecho, este servicio nació antes que YouTube. Según anuncian, tanto uno como otro se mantendrán activos, algo natural ya que la marca YouTube se ha convertido en una de las más atractivas y conocidas en Internet. En mayo, servía un 43% del tráfico total de los sitios web especializados en vídeos, frente al 6,5% de Google, situado en el quinto lugar. La empresa, conocida y famosa por su capacidad de innovación, fue batida por unos novatos en el negocio. ¿Por qué?

La virtud de Google, y de todas las empresas que tienen éxito en la red, es que logran solucionar necesidades de los usuarios y consiguen ganar dinero por ello. Pero hay que fijarse en el orden de prioridades: primero los internautas y luego la pasta. YouTube compartía esa filosofía. Sus creadores, Chad Hurley y Steve Chen, crearon la compañía después de una fiesta en la que varias personas llevaron sus cámaras de vídeo pero no encontraron un modo sencillo de compartir sus grabaciones con los demás asistentes. Así, tal y como ha reconocido Eric Schmidt, se convirtió en un "claro ganador en la red y en el lado social del vídeo". Google Video, en cambio, pareció nacer más bien como una plataforma en la que ganar dinero subiendo vídeos y poniéndoles un precio, del que Google se llevaba parte, que para eso los aloja. De ahí su quinta posición, un lugar harto vergonzoso para una empresa tan puntera en un mercado que se presume goloso en el futuro.

El vídeo en Internet está creciendo. Acabo de ver que uno de los primeros vídeos que subí, naturalmente a YouTube, sin ninguna publicidad aparte de una anotación en mi blog, ha sido visto casi 100.000 veces. La mayor parte de las grabaciones en este exitoso sitio web están perfectamente descritas para poder ser accesibles en las búsquedas, de modo que cualquiera que quisiera hacer publicidad contextual podría hacerlo con facilidad. Google es un gran experto en ese campo y seguramente sea ahí donde veremos grandes novedades en YouTube. Hay que reconocer a sus gestores que, al menos, han tenido la cintura de darse cuenta de su error y corregirlo lo mejor que han podido, es decir, recurriendo a la chequera. Pero resulta preocupante que el gigante californiano se haya visto superado precisamente por no haberse centrado en el usuario, algo que lo había caracterizado siempre. Puede que éste sea el primer síntoma realmente grave de debilidad de Google. Seguro que veremos muchos más en el futuro.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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