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Daniel Rodríguez Herrera

Hackers y cine

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Una de las cosas más divertidas para un informático es ver en una película a un supuesto hacker entrando supuestamente en un supuesto ordenador ajeno. Aunque buena parte de nosotros no somos precisamente expertos en esas lides, contemplar programas en tres dimensiones simulando una ciudad mientras el protagonista teclea sin parar, y sin que se vea en la pantalla lo que escribe, tal y como se veía en Hackers está tan lejos de la labor real que no puede causar sino hilaridad. Algo similar ocurría en La Red, donde un virus, al destruir los archivos, provocaba también que el escritorio y las ventanas del ordenador se disolvieran delante de nuestros ojos. A veces parece que los guiones estén escritos con pluma de ganso.

No obstante, esto no siempre ha sido así. Algunas de las películas más respetuosas son también las más antiguas. En Juegos de Guerra se presentaban algunas de las maneras más adecuadas de obtener contraseñas, cómo leerlas del escritorio de una secretaria incapaz de recordarlas o investigar en el pasado de un programador para averiguar qué claves podría utilizar. En definitiva, eso que se denomina pomposamente "ingeniería social". En Los Fisgones, al hablar de sistemas criptográficos, se mencionaban algoritmos reales, aunque luego pudieran entrar en la Reserva Federal sin que les pidieran nombre de usuario y contraseña, cuando ya los pide hasta el Windows casero de cualquiera.

En Matrix se incluía otra de esas fantasías ridículas: una ristra de caracteres verdes irreconocibles sobre fondo negro moviéndose hacia abajo eran decodificados sin ayuda por los protagonistas, ya que los ordenadores eran muy lentos en ese trabajo. Por eso sorprende el nivel de veracidad de una escena de su secuela, Matrix Reloaded, en la que la protagonista emplea una herramienta real, nmap, utilizada para escanear puertos de otros ordenadores (algo así como llamar a las puertas de una casa para ver si están abiertas) para después aprovecharse de un fallo real en uno de esos puertos abiertos, descubierto en 2001, lo que le permite cambiar la contraseña de usuario del propietario de la máquina y así poder entrar a hacer perrerías. Quizá sea una forma de pedirnos perdón.


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