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Daniel Rodríguez Herrera

La accidentada Europeana

Una empresa privada no podría haberse permitido un lanzamiento tan accidentado; le podría costar la viabilidad de su proyecto. Pero claro, las empresas en internet se enfrentan a las restricciones del mercado. Los políticos no tienen esos problemas.

Daniel Rodríguez Herrera
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Aun sin llegar a los extremos del buscador Quaero, la Unión Europea ha vuelto a hacer el ridículo con el lanzamiento de la biblioteca digital europea. Por lo que han asegurado, estaba albergada en sólo tres servidores capaces de servir cinco millones de páginas a la hora. Tras recibir picos de hasta 20 millones, y pese a haber duplicado el número de máquinas, el proyecto ha muerto de éxito y ha decidido cerrar sus puertas hasta mediados de diciembre, momento en el que planean estar preparados para responder a las visitas.

Europeana es el resultado del ataque de cuernos que sufrieron los franceses ante la iniciativa de Google de empezar a digitalizar millones de libros procedentes de las principales bibliotecas del mundo anglosajón. En lugar de apuntarse a la iniciativa y permitir que la empresa norteamericana digitalizara los contenidos de las grandes bibliotecas europeas y los pusiera a disposición tanto del público como de las propias instituciones, decidieron que había que hacer un proyecto alternativo. El resultado: dos millones de euros al año de dinero público para sacar una web que se cae el día de su estreno.

Las autoridades públicas deberían limitarse, en lo que a internet se refiere, a respetar la libertad con que fue creada y ha crecido desde entonces y a fomentar su uso poniendo sus servicios y archivos de contenidos disponibles en la red. Al fin y al cabo, se supone que son públicos y, por tanto, propiedad de los contribuyentes, que deberían poder acceder a ellos de la manera más sencilla y barata posible. El problema es que, en general, los incentivos a los que se enfrentan funcionarios y políticos a la hora de abordar este asunto no son los correctos.

Así, el proyecto Europeana tiene un problema: que su objetivo es complacer a los políticos y no a los usuarios de la web. Cualquier sitio espera picos de actividad el día en que se presenta al público, y más si lo hace ante toda la prensa europea. Por consiguiente, gasta en infraestructura lo suficiente como para no defraudar a esos primeros usuarios atraídos por la publicidad de su lanzamiento. Muchos de ellos no volverían en cualquier caso, pero si la web no funciona, seguro que no lo hacen en su inmensa mayoría. ¿Cuál es el problema? Ninguno, al menos para los responsables de Europeana; seguirán recibiendo toneladas de dinero público y ninguna cabeza responderá del error.

Una empresa privada no podría haberse permitido un lanzamiento tan accidentado; le podría costar la viabilidad de su proyecto. Pero claro, las empresas en internet se enfrentan a las restricciones del mercado, es decir, a las impuestas en último término por los internautas. Los políticos no tienen esos problemas.

Ojo, no digo que Europeana no vaya a ser una web útil, o que no se vaya a utilizar. Tan sólo que previsiblemente será peor que proyectos privados similares y, sobre todo, mucho más caro. Especialmente porque quienes lo pagan no lo hacen voluntariamente.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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