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Liberales árabes anónimos

H. Ali Kamil ha traducido ya al árabe "La Ley", de Frederic Bastiat, y trabaja para publicar "Liberalismo" de Ludwig von Mises y "En defensa del capitalismo global" del sueco Johan Norberg, recién publicado en España.

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Según la ONU, se han traducido al árabe un total de 10.000 libros durante el último milenio, la misma cantidad que se traduce anualmente en nuestro idioma. En una región en la que viven 284 millones de personas, los bestseller son aquellos libros de los que se venden 5.000 copias. En unos países donde los gobiernos se distinguen entre dictaduras militares e islámicas, un hombre está arriesgando su vida por traducir y publicar en Internet a clásicos, antiguos y modernos, del liberalismo. Un chií, en el sur de Irak, ha puesto en marcha la web en árabe "Lámpara de libertad", desde la que difunde el pensamiento liberal en un idioma que, hasta ahora, no parece haber conocido esa palabra.

H. Ali Kamil ha traducido ya "La Ley", de Frederic Bastiat, y trabaja para publicar "Liberalismo" de Ludwig von Mises y "En defensa del capitalismo global" del sueco Johan Norberg, recién publicado en España. Su sitio web, inaugurado en enero, y que cuenta con la ayuda del Cato Institute, ya incluye 40 textos. No es el único que intenta llevar más liberalismo a Oriente Medio. Desde París, Pierre Akel mantiene el sitio web Middle East Transparent, en el que da voz a árabes de muchos países

Pero el libanés Akel no tiene los problemas de Ali Kamil. Y es que en Francia aún se pueden hacer estas cosas de cara y utilizando tu nombre. Pero Irak es un lugar más peligroso, de modo que Ali Kamil no es más que un pseudónimo. No le gusta claro, porque está orgulloso de lo que hace. "Este es uno de los trabajos –refiriéndose a la traducción de "La Ley"– en los que me duele que mi nombre no se destaque en la primera página", asegura. Recibe la ayuda del norteamericano Cato Institute, cuya idea original era fundar en Irak un think tank similar a él mismo, pero que tuvo que abandonarla cuando el candidato a dirigirlo se echó atrás a petición de su mujer, que temía por su vida. Por lo menos, Ali Kamil no padece los problemas de los iraníes, los chinos o los cubanos, cuyos gobiernos procuran prohibirles y limitarles el acceso a una Internet libre.

No es en Irak el único lugar donde hay que esconderse tras el anonimato. Las razones para escribir sin firmar con tu nombre pueden ser muchas. Desde elBatzoki.com ofrecen una que entendemos todos muy bien: "La falta de libertad en el País Vasco no tiene parangón en el mundo civilizado. No queremos ser como la mitad no naZionalista del Parlamento Vasco que se ve obligada a llevar protección". No siempre suceden cosas tan dramáticas. El blogger y colaborador de Libertad Digital Borja Prieto "salía del armario" –es decir, desvelaba su nombre real– hace unos meses y explicaba que en el momento de empezar a escribir en Internet sobre política "estaba en proceso de reincorporarme a la Administración, y la Administración en proceso de nombrar a personas afines al nuevo gobierno".

Meses atrás, el creador de una red de blogs de obediencia partidista al PSOE comenzó una campaña de diatribas en contra de quienes escriben amparados en el anonimato. O, para ser exactos, contra quienes escriben en contra del pensamiento de la secta. Parece que algunos echan de menos los tiempos en que todo lo que se publicaba podía ser objeto de represalia por parte del poder. Una cosa es que cada autor sea responsable de lo que escribe, lo que se consigue empleando siempre un mismo pseudónimo que permita identificar al autor con sus escritos, y otra que firme con su nombre y apellidos para poder ser represaliado cómodamente. Que es lo que se persigue, claro, aquí y en Irak.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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