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Daniel Rodríguez Herrera

Maglev

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Esta nochevieja nos ha traído una novedad tecnológica notable: el primer viaje comercial de un tren rápido de propulsión electromagnética, también conocido como maglev. Aunque ya se habían instalado algunos trenes de este tipo, como el finalmente abandonado tren dentro del aeropuerto de Birmingham, éstos eran lentos y estaban preparados para trayectos muy pequeños. El consorcio Transrapid ha construido un tren capaz de alcanzar los 420 kilómetros por hora y que realiza el trayecto de 30 kilómetros entre Shanghai y su aeropuerto en ocho minutos.

Este sistema consiste en el uso de electroimanes alojados en una pista que hace las funciones de vía. Estos electroimanes, situados a ambos lados de la pista en forma de U, son de dos tipos. El primero, aprovechándose del viejo principio que dicta que polos opuestos se repelen, mantiene al tren levitando sobre las vías entre 1 y 10 centímetros, dependiendo del tipo de tren. El segundo es el encargado de impulsarlo cambiando constantemente el polo de su campo magnético. El tren, al no estar en contacto con la superficie, no tiene más fricción que la del aire, lo que permite alcanzar grandes velocidades a un coste muy pequeño. Además, funciona con energía eléctrica y es muy silencioso.

Actualmente esta tecnología está siendo investigada principalmente en Alemania y Japón, llegando a dos alternativas distintas. La que acabamos de describir es la alemana, que es la que emplea el tren de Shanghai. La japonesa tiene una variante: emplea superconductores, lo que reduce brutalmente la energía requerida para su funcionamiento, puesto que estos materiales no presentan resistencia alguna a la electricidad. No obstante, requiere que los trenes circulen sobre sus propias ruedas hasta alcanzar una velocidad mínima de 100 kilómetros por hora.

El principal problema de esta tecnología es que las vías no son tales y, por tanto, requieren la construcción de nuevas infraestructuras, bastante caras. Un cálculo aproximado ofrece un coste de entre 6 y 25 millones de euros por kilómetro. Se piensa que empezarán a ser una alternativa económica cuando se consigan desarrollar superconductores a temperatura ambiente, puesto que en la actualidad estos materiales sólo conducen sin resistencia a temperaturas por debajo de los cien grados bajo cero. Pero por el momento es sólo una alternativa a muy largo plazo.

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