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Daniel Rodríguez Herrera

¿Me quieres por mi o por mis patentes?

Está por ver si Google se queda con toda la empresa o sólo con las patentes, colocando el resto de Motorola a algún competidor chino al que le venga bien la experiencia y la marca de la compañía americana.

Daniel Rodríguez Herrera
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Google, si los gobiernos no lo impiden, comprará Motorola por la friolera de 12.500 millones de dólares, o cerca de 9.000 millones de euros al cambio, en pasta contante y sonante, nada de intercambio de acciones. Para hacernos una idea de la magnitud de la adquisición, Youtube le costó 1.650 millones, menos de un 15%. Pero mientras que la compra del portal de vídeo online tenía bastante lógica dentro del ámbito de negocio de la compañía, ¿por qué Google, que es una empresa de servicios, ha decidido comprar una compañía que fabrica cosas?

No hace falta un Sherlock Holmes para concluir que Android, el sistema operativo para móviles, tiene algo que ver con el asunto. Google no cobra licencias a los fabricantes, de modo que no gana dinero de forma directa con el invento, aunque cada aplicación vendida en su tienda de aplicaciones le proporciona un porcentaje. Pero cada vez empleamos más los móviles y las tabletas para hacer lo que antes hacíamos con ordenador, entre otras cosas buscar y ver los anuncios de Google, así que el gigante de internet quiere asegurarse de que los sigamos viendo y sigamos pinchando en ellos. De ahí que se lanzara a esta aventura.

Al comprar un fabricante de móviles Google podrá mejorar la integración entre el sistema operativo y los dispositivos. Motorola ya era la compañía que más frecuentemente elegía para lanzar las nuevas versiones de Android. Hasta podría ganar dinero, porque Motorola es rentable desde su reconversión en una empresa que fabrica móviles con el sistema de Google. Pero corre el riesgo de perjudicar sus relaciones con otros fabricantes como HTC y Samsung y la estrategia del buscador le obliga a que Android sea el Windows de los móviles y tabletas, agnóstico del fabricante que lo adopte.

No, aunque Google podría haber concluido que construir él mismo los móviles Android de referencia era beneficioso no se gastaría semejante millonada por eso. De modo que sólo queda una razón: las patentes. Dado que sus competidores, principalmente Apple y Microsoft, no podrían frenar el sostenido avance en cuota de mercado del sistema operativo de Google, llevan meses dedicados a hacerlo en los tribunales. De ahí que un consorcio liderado por ellos pagara nada más y nada menos que 4.500 millones por las patentes de Nortel, empresa en suspensión de pagos y que ha sido vendida a cachitos, como le gustaba al Richard Gere de Pretty Woman.

Google no tiene patentes de peso en la telefonía móvil, lo que provocaba extrañas paradojas como que Microsoft cobrara más por cada móvil Android vendido gracias a la licencia de sus patentes que por los que incorporan Windows Phone y pagan directamente por usarlo. Motorola había amenazado con empezar a usar su generosa cartera de patentes para cobrar licencias a otras compañías que fabrican móviles Android y así ser la opción más barata. Google necesitaba patentes y evitar daños quizá irreparables al ecosistema que ha creado. De modo que casi se ha visto obligada a comprar Motorola, y a precio de oro, porque estaba en una posición negociadora débil. La operación ha sido rápida porque Google tenía prisa: las negociaciones comenzaron en cuanto perdió la subasta por las patentes de Nortel, hace poco más de un mes. Ahora está por ver si se queda con toda la empresa o sólo con las patentes, colocando el resto de Motorola a algún competidor chino al que le venga bien la experiencia y la marca de la compañía americana.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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