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Microsoft y las multas

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La Unión Europea ha hecho gala de una sinceridad abrumadora. Ha condenado a Microsoft por aprovecharse de su situación de "cuasi-monopolio". Me pregunto si dentro de poco me sancionarán por realizar un "cuasi-hurto" o un "cuasi-asesinato". Este grado de arbitrariedad, la verdad, no me produce demasiada tranquilidad.
 
Lo de menos es la multa, que si sigue en pie tras los cuatro o cinco años de pleitos se comerán cruda los agricultores del comunismo de la PAC. No parece que vaya esa cifra a hacer un daño irreparable a Microsoft, aunque desde luego no les hará mucha gracia pagarlo. Más importantes parecen las sanciones que les obligan a eliminar su sistema de reproducción de vídeo de Windows y publicar algunos protocolos que facilitarían la interoperabilidad de software de terceros con Windows.
 
La primera sanción resulta un verdadero incordio. Si bien es cierto que Windows Media Player no es estrictamente necesario para que Windows funcione correctamente, también lo es que resulta cómodo y seguro saber que todo Windows tiene preinstalado un sistema de reproducción de vídeo y audio. La propuesta de Microsoft de ofrecer una versión de su sistema operativo que instalara reproductores de la competencia parecía más razonable que la imposición adoptada.
 
La segunda puede parecer, en cambio, más razonable, puesto que uno de los grandes problemas de los competidores de Microsoft es la imposibilidad de presentar productos plenamente compatibles con los sistemas Windows. Sin embargo, el problema es, de nuevo, que se intenta poner un parche que no arregla el problema de fondo, que es que tanto Microsoft como otras empresas pueden ofrecer protocolos cerrados e incompatibles con otros productos por la prohibición de realizar ingeniería inversa.
 
Sería mejor que la Unión Europea eliminara restricciones absurdas en lugar de intentar restaurar la competencia por medio de decisiones tan arbitrarias como ésta. Pero es el viejo camino de servidumbre, en el que una intervención gubernamental termina siendo seguida por otras, inexorablemente.

Daniel Rodríguez Herrera es editor de Programación en castellano.

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