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Daniel Rodríguez Herrera

No es sólo el PP catalán

Es el PP balear el que encabeza esa manifestación de catetismo provinciano, genuflexo ante la potencia cultural de la metrópoli, es decir, Barcelona. Que ya hace falta ponerse de rodillas para tener por encima a la fauna del 3%.

Daniel Rodríguez Herrera
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Si para algo ha servido todo el asunto del .cat es para dejar a las claras que el problema del PP como partido nacional no está sólo en Cataluña. El vacío de ideas y el complejo bobo de quien no tiene pensamiento propio frente a las consignas de nacionalistas e izquierdistas de todo tipo, es una afección cuyos síntomas se dejan ver en Internet, a veces, de forma mucho más clara y sencilla.

Aquellos mallorquines, menorquines e ibicencos que deseen visitar el sitio web del parlamento balear en su idioma materno, suponiendo que éste sea, claro, el castellano, no podrán hacerlo. Bien es cierto que estas páginas institucionales no suelen ser el destino preferido de los internautas, a no ser que éstos quieran averiguar si sus representantes son o no zurupetos; la información que los políticos consideran de interés no suele tener ninguna relación con aquello que los ciudadanos desean saber. Pero, en el extraño supuesto de que alguien quisiera hacerles una visita, no estaría de más que se ofreciera en todos los idiomas oficiales. Por aquello de dar ejemplo de cumplimiento de la ley y esas cosas que se supone deberían hacer los políticos pero jamás hacen.

Lo que no resulta raro, pues, que los parlamentarios apoyen también la inmersión completa votando a favor de abandonar el dominio .es para adoptar el .cat, por más que luego digan que no, que no quieren ninguna "connotación catalanista impuesta". El problema es que no hace falta imposición alguna. Es el PP balear, dirigido por el socialista señor Matas, el que encabeza esa manifestación de catetismo provinciano, genuflexo ante la potencia cultural de la metrópoli, es decir, Barcelona. Que ya hace falta ponerse de rodillas para tener por encima, culturalmente, a la fauna del 3%. O el 20%, vaya usted a saber.

No son los únicos. La diputación valenciana, cuya página sí es bilingüe quizá porque el diseño aparente ser de hace diez años, ha decidido apoyar una moción para la consecución de un dominio propio en Internet "para la cultura y la lengua valencianas". Tampoco se crean ustedes que se han herniado pensando en posibles alternativas. Han escogido el .val, quizá porque el .va ya lo tenían en el Vaticano. Habrá que esperar las protestas de los vallisoletanos, a los que pretenden hurtar su sufijo en Internet. O de los dioses del Valhala, que ahora se verán incapaces de preguntar a los internautas por qué ya nadie los adora como merecen con un dominio propio.

La lengua es un vehículo de comunicación y de cultura, que evoluciona de forma natural gracias a la inventiva de sus hablantes y a los préstamos de las demás lenguas; no es algo puro e inmaculado que se deba preservar e imponer mediante coacción estatal. Cuando no se mete la política de por medio, puede suceder que Google hable de Zeitgeist para informar sobre las búsquedas más populares que se hacen en su página; no tenían palabra adecuada en inglés y han escogido una alemana. Pero si una ideología hace de la tribu el objeto de la acción política, con la lengua como bandera, atropellando los derechos individuales, es el momento de que un partido que defienda los derechos de las personas se rebele. Pero se ve que el PP no es ese partido, al menos, en Baleares y Valencia, donde prefieren seguir la corriente a Maragall y Zapatero en su proyecto de dividir España por medio, entre otras cosas, de las lenguas regionales de nuestro país.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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