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Daniel Rodríguez Herrera

No hay causas objetivas

La lucha contra el terrorismo islamista se empezará a ganar cuando se desacredite la ignominiosa excusa de que la culpa la tiene la pobreza del mundo árabe, el imperialismo yanqui o el inadmisible empeño de los judíos por sobrevivir.

Daniel Rodríguez Herrera
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Zapatero parece compartir con la izquierda más radical de España y del mundo la idea de que el terrorismo islamista tiene sus causas y que éstas deben ser resueltas para acabar con él. No se atreve a decir lo mismo del terrorismo etarra, porque la mayoría de la sociedad española rechaza esa idea con ira. Puede que incluso no lo piense, porque lo cierto es que la lucha contra ETA empezó a ganarse cuando ese modo de pensar abandonó el gobierno y, del mismo modo, la lucha contra el terrorismo islamista se empezará a ganar cuando se desacredite la ignominiosa excusa de que la culpa la tiene la pobreza del mundo árabe, el imperialismo yanqui o el inadmisible empeño de los judíos por sobrevivir.
 
Todos los terrorismos tienen un objetivo claro; en unos es lograr hacerse con un territorio y convertirlo en una dictadura comunista, en otros convertir el mundo en un califato donde la ley sea la sharia. Comparten el método de atacar a civiles para lograr debilitar al oponente hasta que éste les conceda sus pretensiones para que le dejen en paz de una vez. En ello no hay nada de irracional: simplemente consideran que el objetivo merece suficientemente la pena como para justificar el crimen y las posibles consecuencias que éste pueda tener para ellos.
 
Y el modo de vencerlos consiste en destruir su capacidad de hacer daño, hacerles más costosa la violencia y desacreditar sus objetivos con argumentos, información, propaganda y destrucción de su capacidad de hacer proselitismo. En España, dado que es un problema doméstico, esto se ha podido solucionar con métodos policiales, endurecimiento de las leyes, desacreditación del nacionalismo vasco y las ilegalizaciones de medios y partidos afines; el "frente amplio" según la doctrina leninista.
 
Sin embargo, dado que el terrorismo islamista se sitúa fuera de nuestras fronteras, los métodos particulares han de ser otros. Se debe destruir sus bases –con bombardeos si no hay otro modo mejor– secar sus fuentes de financiación, derrocar gobiernos que los apoyen, financiar interpretaciones del Islam contrarias a la fundamentalista, dificultar que ésta última pueda expresarse y difundirse por el mundo.
 
La izquierda no quiere que se haga nada de esto. Lo que hay que hacer es "dialogar" para solucionar la causa que provoca el terrorismo. Esto es debido a que en su visión del mundo el hombre es un "buen salvaje" al que sólo la sociedad y las "causas objetivas" le impiden ser perfecto. Por tanto, si comete atrocidades la razón ha de estar en dichas causas objetivas. La pobreza en el ladrón. La intransigencia de Madrid en el "conflicto vasco". Las injusticias para con el pueblo palestino en el terrorismo "internacional".
 
Si se les deja operar en base a esas premisas, los problemas se enquistan, se gangrenan y se hacen asfixiantes. Pero se persiste en ello, porque resulta tremendamente gratificante. El creyente de esta teoría se cree superior a los demás, más comprensivo, más solidario, más cercano a la verdad. Los ateos, en cambio, son unos vengativos sin corazón que no comprenden las verdaderas razones por las que funciona el mundo. Esa autosatisfacción es la raíz del voto de izquierda. Es una lástima que no sirva para resolver los problemas.

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