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Daniel Rodríguez Herrera

Para perder el miedo a Linux

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Una de las diferencias entre Windows y Linux que más desconciertan a primera vista es la variedad de versiones de Linux que circulan y de las que se habla. El novato se encuentra con nombres como SuSe, Red Hat, Debian, Mandrake, Conectiva, Slackware, Aurox, Yellow Dog o las regionales LinEx y Augustux. Todos estos son nombres de distribuciones, que no son más que sistemas Linux que traen más o menos programas, con sistemas de instalación distintos y otras diferencias menores. En los últimos tiempos han surgido un tipo distinto de distribuciones Linux, llamadas Live CD.

Su particularidad consiste en que se ejecutan directamente desde el CD. De este modo podemos empezar a experimentar con este sistema operativo sin cambiarle nada a nuestro ordenador ni a nuestro Windows. Incluso permite grabar los datos de nuestra sesión en un disquete. Ahora mismo estoy escribiendo este artículo desde un procesador de textos OpenOffice incluido en la distribución Knoppix 3.2. Lo único que he tenido que configurar a mano son los datos necesarios para conectarme a Internet, copiados de los que tuve que introducir también a mano en Windows, y el único fallo que he localizado es un distribución algo confusa de las teclas, que me impide escribir unas comillas dobles como Dios manda.

Quizá lo primero que observa uno es que es muy similar a Windows. Tiene un escritorio con iconos y una barra de tareas debajo. Esta barra tiene algunos elementos equivalentes a Windows, como el reloj o el que el menú de la izquierda, aún sin llamarse Inicio, nos permite acceder a todos los programas. Podemos jugar al solitario y al buscaminas y a otros veinte juegos, más o menos. Lo que nos lleva a una diferencia esencial. Tenemos a nuestra disposición programas de correo, navegadores, juegos, aplicaciones ofimáticas, visores multimedia, etcétera, gratuitamente y desde el principio. Quizá el problema sea otro, el considerable número de aplicaciones de utilidad similar, que puede avasallar un poco al usuario novel. Otro problema menor es que los tipos de letra son ligeramente distintos, lo que produce una pequeña incomodidad hasta que te acostumbras.

Tecnológicamente, resulta asombroso que hayan logrado hacer funcionar un sistema operativo tan completo y con tantos programas en un CD. Una prueba de la versatilidad de Linux y del software libre en general. En definitiva, probar algo como Knoppix es el paso necesario para perder el miedo a Linux. O para cogérselo definitivamente.


Daniel Rodríguez Herrera es editor de Programación en castellano.

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