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¿Pero es que nadie va a pensar en los niños?

Lo único bueno de este informe es que llega dos años después de que publicaran el anterior. Antes los hacían todos los años. Eso que salimos ganando.

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Ya que Amnistía Internacional persiste año tras año en su campaña en defensa de los derechos humanos del píxel, algunos seguiremos replicando sus tesis, no sea que, como sucede con los nacionalismos, acaben ganándonos con el viejo método de aburrirnos hasta que el hastío nos frene a la hora de aporrear el teclado. El informe que ha publicado hace unos días se centra en buscar las razones para exigir que no se vendan juegos inadecuados a menores; se agradece que al menos nos dejen a los mayores seguir disfrutando de ellos.

El estudio es un ejemplo de cómo poner el carro antes de los bueyes, es decir, cómo decidir las conclusiones antes de tener evidencia que las soporte. Así, afirman que es necesario que el Estado prohíba la venta de videojuegos inapropiados a menores, pero ellos mismos reconocen en sus pruebas (consistentes en enviar a niños de 9 o 10 años a comprar Scarface, juego de hampones basado en los personajes de la película de Brian de Palma y, claro, violento) que el hecho de que las comunidades autónomas ya hayan legislado al respecto no parece que sirva de nada, pues los críos podían comprarlo igualmente en aquellas en que ya está prohibido.

Del mismo modo, protestan porque el PEGI, que es el estándar de clasificación de juegos que se emplea en Europa y al que se someten de forma voluntaria las empresas de videojuegos, no está bien hecho, y sugieren que el Gobierno de España, como gusta ahora en llamarse, se dedique en Europa a cabildear para "mejorarlo". Como únicos ejemplos, ponen dos juegos… de coches, que según su real saber y entender deberían tener una clasificación más dura que la que pusieron los fabricantes, que era recomendarlos para mayores de 7 y 12 años respectivamente. Y es que aunque PEGI naciera con sus fallos, ha ido mejorando hasta convertirse en una guía bastante fiable para los padres de lo que verán sus hijos si les compran un videojuego.

Este estudio, como todos los anteriores, parte de una presunción que jamás se preocupa por demostrar o respaldar por datos: que para los niños es malo acceder a juegos que "violen los derechos humanos" porque de mayores reproducirán esos comportamientos. Eso es algo que cualquier crío de ocho años sería capaz de ver que es una estupidez. Pero si no dispone de ninguno a mano, créase los consejos del Gobierno británico. Después de años y años de triunfo de lo políticamente correcto en la educación de los niños, ahora ha recomendado que se les deje jugar a cosas violentas porque es bueno para su desarrollo.

Pero bueno, quizá los de Amnesia Internacional consideren que aunque pueda ser bueno para los niños, para las niñas es malísimo. Por eso debieron escoger a una niña de 9 años para que comprara Scarface; para eso y para crear alarma entre los padres y así volver a vender un año más su defectuosa mercancía. El caso es que dudo mucho que ninguna niña de 9 años quisiera no ya comprar sino jugar al Scarface. Suelen tener otras aficiones, como Los Sims, que a mí me aburren tremendamente. Ya, ya sé que insinuar que hombres y mujeres, o niños y niñas, son distintos y juegan a cosas distintas es un pecado de lesa progresía, pero es que es verdad, qué demonios.

Lo único bueno de este informe es que llega dos años después de que publicaran el anterior. Antes los hacían todos los años. Eso que salimos ganando.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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