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Por fin, Linux contra Microsoft

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Acabamos de saber que Microsoft se ha hecho con los contratos como proveedor de software de varias ciudades. Hace unos años difícilmente este hecho hubiera podido llamarle la atención a nadie. No hubiera sido noticia. Pero ahora Microsoft tiene competencia en ese mercado, que viene de las empresas que ofrecen software libre. Muchas administraciones, algunas por creencias ideológicas y las más por los beneficios prácticos, se han decidido a contratar a empresas que comercializan Linux y OpenOffice, algunas de ellas locales, como la alemana SuSE, beneficiada por el ayuntamiento de Munich.

En su dictamen en el caso Microsoft, el juez Penfield Jackson llegó a reducir tanto el mercado en el que competía Windows que excluyó a Linux del mismo, debido a que consideró al mismo como un sistema operativo más propio de servidores que de usuarios corrientes y molientes. Desde un punto de vista realmente estricto, es imposible determinar el "mercado" en que compite Windows, pues sólo cada usuario puede, desde su punto de vista, decidir qué productos pueden sustituirlo. Pero esta lucha encarnizada demuestra que el juez se columpió de forma notable en este punto.

No obstante, a Linux le queda un largo camino por recorrer, como demuestran los contratos otorgados a la compañía de Redmond. Mientras que en aplicaciones para servidores, el software libre ha mostrado siempre un desempeño brillante y una gran capacidad de innovación, es difícil mantener que lo mismo ha sucedido en los programas para usuarios normales, como gestores de ventanas o suites ofimáticas. Esto es debido a que entre los incentivos que mueven a los programadores a desarrollar gratis siempre destaca el de crear programas que les sean útiles a ellos mismos. Generalmente, los informáticos somos bichos raros que preferimos unos buenos comandos crípticos y potentes a una buena interfaz de ventanas.

Por eso, en la informática para el usuario, Linux está siempre a remolque. Y el coste que supone a cualquier persona normal instalar y aprender un nuevo sistema operativo con sus nuevas aplicaciones, distintas a la que usa diariamente, requiere una recompensa. No basta con que Linux esté simplemente a la altura y sea más barato. Requiere que disponga de innovaciones espectaculares. Mientras eso no ocurra, y es dudoso que suceda a corto plazo, Linux no despegará.


Daniel Rodríguez Herrera es editor de Programación en castellano.

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