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¿Qué crisis?

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Los acomodados subvencionados del cine español llevan unas semanas quejándose amargamente de la crisis. Y lo hacen, como decía Churchill, fiándose sólo de las estadísticas que ellos mismos han manipulado. El truco que han empleado es muy simple y, sin embargo, caemos en él una y otra vez. “La vida es dura”, le dijeron a Voltaire. “¿Comparado con qué?”, contestó.

En esto de las estadísticas, todo es cuestión de comparaciones. Uno de los mayores méritos del libro de Lomborg sobre el ecologismo ha sido poner sobre el tapete algo que es práctica común entre los ecologistas: escoger espacios de tiempo muy cortos y mostrar la tendencia negativa de ese período, “olvidando” que cogiendo períodos más amplios la tendencia es la opuesta. Por ejemplo, el ínclito ecologista Pimentel se quejaba en 1998 del incremento de casos de tuberculosis en los Estados Unidos de 22.201 en el 85 a 26.283 en el 91. Olvidando que, ya en el 96, dos años antes de escribir su artículo, el número de casos había bajado de la cifra del 85, como corresponde en una estadística que ha estado cayendo casi invariablemente desde los años cincuenta. Pero claro, se escoge de la estadística sólo lo que interesa.

La supuesta crisis se debe a que en el 2001 se recaudaron 110 euros y en el 2002 sólo 70. Pero… ¿y si nos vamos un poco más atrás? Veamos. ¡Anda! Pero si 2002 ha sido el segundo año de mayor recaudación de toda la historia del cine español. Bueno, puede que sea la inflación, me dirán. Algo de razón tienen. El 2002 es sólo el tercer año en número de espectadores durante los últimos diez. Un año pésimo, sin duda, aunque peores debieron ser los otros siete que tiene por detrás. Lo que sucede es que el año pasado “Los otros”, película tan española como americana, hizo subir el número de espectadores y el dinerillo mucho más de lo normal. Pero el volver a la normalidad no es una crisis, que se sepa.

De modo que tanto ecologistas como cineastas se dedican al mismo deporte: mentir con estadísticas para obtener dinero público. Podrían emplear algún método más original, pero hay que reconocer que hay tan poca gente que se dedica a mirarlas, que casi siempre logran su objetivo.

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