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Daniel Rodríguez Herrera

Secuestrar una revista en el siglo XXI

Parece que ni Del Olmo ni Conde Pumpido saben en qué mundo vivimos, el salto que ha dado la comunicación y, sobre todo, las consecuencias en el modo que tenemos de relacionarnos entre nosotros.

Daniel Rodríguez Herrera
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No les voy a engañar, no me gusta El Jueves. Nunca ha sido mi tipo de humor; demasiado poco sutil, demasiado poco inteligente. Además, demostraron exactamente a qué calaña pertenecían cuando saltó el escándalo de las viñetas de Mahoma; aunque fuera haciendo un chiste, no se atrevieron a publicarlas o a ilustrar su portada con una caricatura propia. Lo suyo es meterse con los curas, Aznar y Bush; en definitiva, chistes fáciles de y para izquierdistas contra quienes no van a hacer nada contra ellos. Habrá quien se alegre, por tanto, de que un juez les haya puesto freno. Yo no. Primero porque tengo principios que incluyen la defensa de la libertad de expresión, y segundo porque, si nos ponemos en plan utilitarista, esto ha dado nuevos bríos a una publicación que poco a poco iba declinando.

Y es que el secuestro el viernes pasado de esta revista, que llega a los quioscos los miércoles, ha puesto de manifiesto lo absurdas y contraproducentes que resultan algunas leyes con todo lo que han avanzado las telecomunicaciones y el uso que hacemos de ellas. En cuanto se supo que se había ordenado retirar todos los ejemplares de El Jueves, la gente se enteró por medio de la radio o Internet, lo contó a sus amigos con el móvil o el SMS y cuando llegaron los policías a los quioscos se encontraron con que, en muchos casos, ya no había nada que llevarse. La revista había sido "secuestrada" por la gente.

Poco después, empezaban a ofrecerse en eBay ejemplares a precios de entre 10 y 100 euros los que planean venderlos y hasta 2.500 los que terminarán quedándose con él. La portada era reproducida en decenas de blogs, incluyendo alguno que otro en inglés, lo que permitió que el caso saltara a la blogosfera internacional. La prensa de todo el mundo, incluyendo la de nuestras antípodas, dio cuenta del secuestro y, por tanto, de la causa que lo originó. Es decir, que de una revista cuya difusión según OJD supera por no mucho los 70.000 ejemplares hemos pasado a que prácticamente todo el mundo occidental haya sabido de la viñetita de marras.

Parece que ni Del Olmo ni Conde Pumpido saben en qué mundo vivimos, el salto que ha dado la comunicación y, sobre todo, las consecuencias en el modo que tenemos de relacionarnos entre nosotros. Claro que tampoco se han enterado de los cambios en la tecnología, sin más. Porque anda que no resultó ridícula la exigencia de Del Olmo de los moldes con que se imprimió la revista, cuando, como bien resaltó el dibujante de la viñeta ya famosa, hace ya lustros que eso no se usa. Claro que el juez no hacía sino obedecer el artículo 816 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que a estas alturas resulta ya bastante anticuado.

No me entiendan mal. La ley está para cumplirla y aplicarla, que es precisamente la razón por la que es abominable vivir en un país con tantas normas, que nunca sabes si estás cumpliendo o no porque no las conoces. La ley que castiga los daños al prestigio de la Corona está también, por tanto, para hacerla cumplir. Ahora, parece claro que, en un mundo como el actual en que las consecuencias de intentar aplicar una ley son muchísimo más dañinas para el bien jurídico que dice defender ésta que mirar para otro lado, está claro que ha llegado el momento de derogarla.

Lo cierto es que conservo aún una duda. La incapacidad del juez Del Olmo ya ha quedado patente tras sus años con el sumario del 11-M. Pero si hay algo que no es Conde Pumpido es tonto, ni torpe. Me extraña mucho que hiciera esta petición sin que supiera lo que iba a ocurrir inmediatamente después.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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