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Si la envidia fuese tiña

No cabe duda de que la cultura europea es algo digno de preservar, como sabe todo el mundo que haya escuchado "A toda mecha", pero el modo escogido de hacerlo muestra claramente las razones por las que está de capa caída.

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A finales del año pasado, Google llegó a un acuerdo con varias universidades para indexar una parte de sus bibliotecas y ponerla a disposición del público a través de su buscador Google Print. Chirac ha montado en cólera ante este ataque inaceptable contra la excepción cultura francesa y, como ha visto que Francia no es capaz de montar una alternativa ella sola, o que le saldría demasiado caro, ha decidido ampliar la injuria de la cultura anglosajona a toda Europa o, al menos, a los gobiernos que cree que puede engañar, que son el alemán, el español y el británico. Caso curioso este último, dado que el francés ha bramado contra el dominio de la cultura anglosajona y la lengua inglesa y, además, Oxford está entre las universidades que colaboran con Google.
 
La alerta vino del director de la Biblioteca Nacional Francesa. Tras reconocer que este proyecto acercaba a los países pobres al conocimiento de los más punteros, aseguraba que lo importante no era eso sino la consagración de "la supremacía cultural mundial" de Estados Unidos. Es decir, donde toda persona normal ve una oportunidad y un beneficio para todos, los burócratas franceses sólo ven hamburguesas y ketchup. Y la solución para tan crucial problema es subvencionar una cultura europea pensada como contraria y enemiga de la norteamericana, al gusto de Mercedes Odina.
 
No cabe duda de que la cultura europea es algo digno de preservar, como sabe todo el mundo que haya escuchado "A toda mecha", pero el modo escogido de hacerlo muestra claramente las razones por las que está de capa caída. En Estados Unidos, una empresa puntera desarrolla una tecnología y decide emplearla para poner a disposición del público gran parte del legado cultural escrito en la lengua de Shakespeare, esperando rentabilizarlo de algún modo, seguramente mediante anuncios. En Europa, los gobiernos reaccionan después, molestos, y anuncian un concurso público que costará millones de euros a los contribuyentes para intentar hacer lo mismo. Y digo intentará, porque seguramente acaben realizando un bodrio innavegable con estúpidas condiciones de uso, como las que mantiene la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y que ya denuncié hace dos años.
 
Esta iniciativa parece enmarcarse en la misma filosofía que el acuerdo para preservar la diversidad cultural firmado por Francia, Brasil y España, y que la ministra Calvo es incapaz de defender frente a la más mínima crítica. El principal problema de dicha filosofía es que las culturas no son un ente estático a preservar, sino algo vivo que necesita del intercambio como su comida y bebida. China, una cultura que se adelantó a muchos de los inventos europeos en siglos o incluso milenios, firmó su decadencia con la decisión de cerrarse al resto del mundo. Sonidos tan intensamente jamaicanos como el ska o el reggae no son más que una mezcla de estilos africanos y norteamericanos, que más tarde han influido notablemente en la misma música todopoderosa y arrasadora de EEUU. Los cineastas de la Nouvelle Vague conocían a la perfección a los clásicos norteamericanos y aprendieron de ellos, pero crearon un cine distinto que también acabaría influenciando las obras de los primeros. Pero eso es porque entonces a nadie se le había ocurrido la estupidez burocrática de la "excepción cultural". Pobres ingenuos, los Truffaut, Godard y compañía. Con Chirac no hubiesen necesitado innovar.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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