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Surface: el doble salto mortal de Microsoft

Todo el mundo sabe que Microsoft vende sistemas operativos, no ordenadores. Pero ahora fabricará una tableta. ¿Qué supone este cambio?

Daniel Rodríguez Herrera
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En los buenos viejos tiempos, los modelos de negocio de Apple y Microsoft estaban claramente diferenciados y se sabía a qué jugaba cada uno. Los de la manzana nacieron como fabricantes de ordenadores y apostaron por un modelo cerrado en el que eran responsables tanto de las máquinas como de los sistemas operativos que los hacían funcionar. La empresa de Bill Gates, en cambio, fue desde el principio un desarrollador de software, así que su opción fue más abierta: vendían sus sistemas operativos a otros fabricantes para que los instalaran en sus ordenadores.

Años después quedó clara la superioridad del modelo abierto de Microsoft, cuyos MS-DOS y Windows pasaron a dominar casi por completo el mercado de los ordenadores personales mientras Apple debía conformarse con un nicho cada vez más especializado y pequeño.

Tras el regreso de Steve Jobs, la suerte de la empresa cambió, gracias a su apuesta por el iPod y luego el iPhone. Y si bien con el primero no hubo mayor problema, ya que no dejaba de ser un dispositivo bastante limitado, el éxito abrumador del segundo –un ordenador personal portátil con funciones de teléfono– parecía desafiar todo lo que habíamos aprendido sobre los modelos de negocio de ambas compañías. En concreto, que el de Microsoft funcionaba y el de Apple no.

Algo parecido parece estar pensando Steve Ballmer, que ha anunciado que su empresa fabricará su propia tableta equipada con Windows. No es que Microsoft no haya fabricado nunca nada; al contrario, sus periféricos están entre los mejores que pueden encontrarse en el mercado y compite de tú a tú con Sony y Nintendo con sus consolas Xbox. Pero competir con sus propios socios, los que le permiten mantener viva la gallina de los huevos de oro que es Windows, eso sí que no lo había hecho nunca. Microsoft es la empresa que más gana vendiendo ordenadores pese a no vender ninguno, y naturalmente a Dell, Lenovo, HP, Acer y compañía no les puede hacer ni puñetera gracia que la empresa de la que dependen se convierta en una competidora directa.

Ese es el mayor riesgo de Microsoft, el mismo que ha corrido Google al comprar Motorola. Pero es un riesgo relativo, y todos los actores del negocio lo saben. Ni los fabricantes tienen una alternativa real a Windows ni Microsoft puede permitirse prescindir de ellos. Otra cosa es el mercado de las tabletas, donde ahora parece menos probable que otras compañías aparte de Microsoft vayan a apostar por incluir Windows. La licencia costaría, según algunos rumores, hasta 85 dólares por aparato, frente a la gratuidad de Android. Salvo que Surface se convierta en un éxito muy por encima de las tabletas con el sistema de Google, arrastrando así a los fabricantes, resulta dudoso que muchos apuesten por Windows.

El Surface de Microsoft parece un concepto parecido a los Nexus de Google, un aparato pensado para demostrar las bondades del sistema operativo y que sirva de punto de referencia para los fabricantes. Pero si esa fuera la intención, parece que lo más inteligente sería imitar por completo a Google y escoger a otra empresa para producirlo. A no ser que la intención sea ganar montañas de dinero vendiéndolo como rosquillas, al estilo Apple. Lo veo difícil.

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