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¡Viva la cerveza alemana!

Podría ponerme más serio, pero la verdad es que la noticia tecnológica de la semana pasada y de lo que llevamos de ésta fue el prototipo del nuevo iPhone, que llegó a las manos del blog tecnológico Gizmodo tras un recorrido que incluyó un exceso en la ingesta de cerveza por parte de un empleado de Apple y el pago de 5.000 dólares al afortunado que encontró el aparato. O quizá no tan afortunado, si se confirma que un fiscal del distrito quiere aparecer en los medios de medio mundo abriendo un proceso penal contra él y contra el blog.

Es tanto el secretismo que rodea a Apple y todos sus productos, hasta tal extremo llega su afán de que no se produzca ninguna filtración sobre ninguno de sus proyectos, que resulta difícil de ocultar cierto regocijo en las informaciones que hemos publicado los medios sobre el nuevo iPhone. Y, para qué engañarnos, cierta envidia, que nada tiene que ver con los supuestos 150.000 euros que podría haberse llegado a embolsar Gizmodo en publicidad gracias al tráfico recibido merced a su exclusiva. ¡Qué periodista tecnológico no hubiera querido apuntarse el tanto!

Otros se han puesto a imaginar una conspiración en la que todo estaría preparado. Apple habría pergeñado un prototipo cuya única función sería la de despistar y lo habría hecho circular por medio de un propio que habría engañado a Gizmodo con la historia de la cervecería alemana. O quién sabe si el propio blog también estaba en el ajo. Por poder, todo podría ser, pero lo cierto es que no parece nada probable, aunque sólo fuera por aquello de la navaja de Ockham. Y los registros policiales en la sede de Gizmodo parecen descartar que sea un montaje.

Pero hay cierta razón para esta desconfianza, y es que al fin y al cabo este pequeño desastre podría terminar funcionándole a Apple publicitariamente. Sí, como casi todo. Al fin y al cabo, sólo se han revelado detalles sobre el diseño externo, la pantalla –con mucha mayor definición–, la segunda cámara y la batería, que es mayor. Sin duda, le han fastidiado buena parte de la presentación a Steve Jobs, que estará que trina. Pero al no despiezarlo por completo nos han dejado sin saber buena parte de las especificaciones finales. Ignoramos cuánto durará realmente la batería, si incorporará el procesador del iPad o han creado otro ex profeso para el teléfono o qué capacidad tendrá, entre otras muchas dudas. Poseemos una parte, con lo que tenemos aún más curiosidad por saber lo que falta. Ya saben, eso de que el escote excita más que el desnudo frontal.

Lo que sí ha dejado clara esta filtración son los límites en el diseño con los que se ha encontrado Apple desde que sacó al mercado el primer iPhone. Aquel teléfono fue revolucionario, entre otras razones, por su diseño minimalista, ocupado casi en su totalidad por la pantalla táctil. El caso es que este nuevo iPhone es claramente el que más ha cambiado de diseño externo desde el primero. ¿Y qué ha cambiado? Que la parte de atrás es plana y no curvada, asemejando el móvil a los portátiles MacBook. Y si nos fijamos en los teléfonos de la competencia, veremos que no cambia mucho la cosa. Y es que mientras sigamos con la pantalla táctil, y dadas las restricciones de tamaño para que quepa bien en el bolsillo, se escuche la voz mientras se habla, se pueda manejar con comodidad y entre todo lo que tiene que entrar dentro, no parece que haya posibilidad de muchos cambios. Quién sabe, quizá cuando se invente una nueva tecnología de baterías...

En cualquier caso, yo sí estoy convenientemente excitado, y estoy deseando que Apple le quite el sostén a lo que nos queda por saber del iPhone. Que igual este año renuevo el mío.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

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