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Daniel Rodríguez Herrera

Wikileaks y la libertad en internet

¿Es la libertad de expresión un valor que esté por encima de una seguridad nacional que cuando se trata de EEUU se parece mucho a la seguridad global de todo Occidente? No lo creo, siempre que esa seguridad corra peligro por las filtraciones.

Daniel Rodríguez Herrera
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Decía hace unos meses, después de una de las hazañas de Wikileaks, que a quienes se dedican a robar documentos secretos y pasarlos al enemigo se les llama espías, y que dentro de su profesión el ser asesinados no es más que un accidente laboral. Y que quienes publicaban documentos secretos en una web que pudieran poner en peligro la guerra contra el islamismo eran culpables de espionaje, exactamente igual que quienes en la guerra fría los pasaban en microfilms a los agentes de la Unión Soviética.

Sin embargo, un buen número de personas que no derramarían ni una lágrima ni dedicarían una línea a la muerte de un agente secreto en acto de servicio, aunque fuera de los buenos, están escandalizados de que EEUU esté haciendo todo lo que pueda por acabar con Wikileaks, una web que se dedica a publicar documentos secretos, algunos de los cuales –aunque desde luego no la mayoría– ponen en peligro la seguridad nacional de la que es responsable el Gobierno de Obama.

La excusa es que así se defiende la libertad de expresión en internet. Es el mismo argumento que podría aducir un novio despechado para publicar en Youtube un vídeo de su ex en pelota picada haciendo guarrerías. ¿Cómo osa nadie oponerse a un acto tan libre? ¿Acaso la chica no rodó el vídeo voluntariamente? ¿Y no es un acto de justicia mostrar al mundo cómo es esa mujer que lo ha dejado por otro?

Pero claro, es que la mujer tiene derechos. Nunca dio permiso para que ese vídeo lo contemplaran más ojos que los cuatro de su churri de entonces y su intimidad debe ser objeto de protección, y en este caso parece claro que ese derecho está muy por encima del valor que pueda tener la libertad de expresión de nadie al publicarlo ni el "derecho a saber" que puedan tener los cotillas y pajilleros de medio mundo.

Vamos, que la libertad de expresión no es un valor absoluto ni la transparencia puede ni debe ser absoluta. Lo demuestra el propio Wikileaks, al mantener en secreto su funcionamiento y sus discusiones internas. Una vez dejado esto claro, ¿es la libertad de expresión un valor que esté por encima de una seguridad nacional que, nos guste o no, cuando se trata de EEUU se parece mucho a la seguridad global de todo Occidente? No lo creo, siempre y cuando esa seguridad corra peligro por las filtraciones. No parece el caso de ninguno de los cables diplomáticos hasta ahora revelados, que se limitan a contar cosas ya sabidas para quien esté informado de los asuntos de los que hablan, así como las impresiones de los embajadores sobre todo tipo de personajes públicos, lo cual es casi la definición de la irrelevancia; su publicación convierte a periódicos que se supone serios al nivel de cualquier revista de cotilleos, pero en versión política. Y eso cuando son honrados: si no dejan claro que esas opiniones no son oficiales de EEUU sino sólo la de un embajador estarán engañando a sus lectores.

Así, estas publicaciones en principio no parecen tan graves como las de Irak o, sobre todo, Afganistán. Pero todas ellas juntas ciertamente ponen en peligro el funcionamiento de la diplomacia estadounidense, porque inhibirán durante bastante tiempo a los Gobiernos del mundo el hablar con los embajadores. No para siempre, porque ningún país puede permitirse cerrar la puerta a EEUU durante mucho tiempo. Esperemos que ese periodo no dure demasiado y, sobre todo, que no tenga consecuencias negativas para la seguridad de Occidente. Pero no es seguro que eso vaya a ser así, mientras que el valor de los documentos sí sabemos que se acerca al cero absoluto. ¿A quién sirve entonces Wikileaks?

Que empresas como Amazon o Paypal le nieguen sus servicios me parece un acto patriótico, suponiendo que no lo hayan hecho presionados, en cuyo caso habrán hecho de la necesidad virtud. Evidentemente no servirán para frenar a Wikileaks. Se alojará en otro lugar, y ganará dinero de otro modo. Y seguirá siendo dañino para nuestra seguridad, ya que su objetivo son los secretos de EEUU, no de China o Rusia.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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