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Daniel Rodríguez Herrera

Ya era hora

Ni tomar las plazas, ni las calles, ni montar algaradas callejeras ni reventar sitios web son medios aceptables, sean cuales sean los fines. Poner silicona en las vías de acceso a la web no puede estar permitido en un Estado de Derecho.

Daniel Rodríguez Herrera
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Muchos se han reído de la Policía Nacional tras la detención de lo que erróneamente llamaron la "cúpula" de Anonymous. En rueda de prensa posterior aclararon que en dicha organización había dos niveles de usuarios: los que se limitaban a apuntarse a echar abajo los sitios web y quizá comentar en foros y chats y quienes montaban esos chats, preparaban las web donde se hacían los llamamientos, etc. Los tres detenidos formaban parte de este segundo grupo, al que han calificado de cúpula a falta de un nombre mejor.

Pero fuera de esta anécdota, que muchos fanáticos del vandalismo digital han querido elevar a categoría, lo relevante es que son las primeras detenciones desde que el Código Penal incluyera en su tipificación el delito de ataque informático que incluye penas de seis meses a tres años para quienes "obstaculicen o interrumpan" el funcionamiento de un servicio informático ajeno. Dado que el sentido de la ley es protegernos del daño que nos puedan provocar terceros, parece increíble que hayamos tenido que esperar tanto para que se persiga un comportamiento que tan claramente entra en este concepto.

Sin embargo, se está popularizando en exceso la idea de que, mientras no se emplee la violencia, actos como los que comete Anonymous contra diversos sitios web o los protagonizados por los acampados de Sol y otras plazas son legítimos. Es más, como con sus actos parecen haber logrado más atención que la acaparada por quienes se han manifestado estos últimos años respetando los derechos de los demás, como las víctimas de terrorismo, sería la forma recomendable de protestar.

La violencia es sólo una forma de atacar nuestros derechos, especialmente grave, pero no la única. Si siguiéramos el razonamiento de estos iluminados, los carteristas y timadores en general podrían hacer su encomiable labor, que tantas buenas películas y series ha provocado, ya que no pegan a nadie cuando le roban. De hecho, los partidarios de los perroflautas y okupas de Sol ni siquiera podrían quejarse contra los políticos corruptos, que tampoco es que vayan por la calle con el bate de béisbol atizando a diestra y siniestra. El Código Penal está repleto de delitos en los que la violencia física no juega ningún papel. Es el caso del ataque informático, que ya tardaba en estar tipificado.

Ni tomar las plazas, ni las calles, ni montar algaradas callejeras ni reventar sitios web son medios aceptables, sean cuales sean los fines. Poner silicona en las vías de acceso a la web no puede estar permitido en un Estado de Derecho. Esperemos que los jueces, si las pruebas demuestran lo que la Policía dice que demuestran, nos confirmen que España está un poco más cerca de ese ideal.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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