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Daniel Rodríguez Herrera

Ya ni las máquinas pueden ser esclavas

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Como sin duda habrán averiguado al leerme en las ocasiones en que me da por ponerme técnico, el mundo de los ordenadores está repleto de términos un tanto extraños que no hay quien entienda. Uno de ellos es el del “maestro-esclavo”. Dentro de su computadora, existen varios buses de datos. Los buses son mecanismos que permiten a varios dispositivos comunicarse entre sí. Muchas de las siglas más incomprensibles, como IDE, AGP o PCI, son nombres de distintos tipos de buses que conviven en nuestro ordenador, cada uno de ellos creado para distintos tipos de dispositivos. Esta estandarización de los buses es una de las cosas que permiten que coexistan en nuestra computadora elementos de los más variados fabricantes.
 
Por ejemplo, el bus IDE es el que permite que conectemos nuestros discos duros y lectores de CD y DVD al resto de componentes del ordenador. Cada ordenador puede tener, como máximo, dos buses IDE y dos unidades conectadas a cada uno de ellos. Si hay dos discos conectados a uno de estos buses, cada uno de ellos deberá tomar un distinto papel en su íntima relación. Uno será el “maestro” y el otro el “esclavo”. En terminología informática, esto significa que el primer dispositivo (también conocido como primario) controla al esclavo (o secundario), decidiendo cuando éste puede tener acceso al bus.
 
Pues bien, parece ser que a un funcionario californiano le ha escandalizado saber de la existencia de esta terminología cuando un empleado ha protestado en la Oficina de Cumplimiento de la Discriminación Positiva, toma carámbanos. Y ha decidido pedir a los fabricantes que la abandonen. Lo curioso es que esto viene cuando el uso más popular de esta terminología, que acabo de describir, está camino de la desaparición por la progresiva implantación del sucesor de IDE, el bus Serial ATA.
 
Habrá ahora que plantearse si continuamos con otras nomenclaturas que alguna mente políticamente correcta pueda considerar ofensivas, como la arquitectura “cliente-servidor”. Y no quiero ni imaginar lo que dirán las feministas de los conectores “macho” y “hembra”. Sálvese quien pueda.
 
Ríanse si quieren. Yo lo hice al enterarme. Pero después piensen hasta qué punto ese funcionario se está burlando del drama real de millones de personas equiparándolas con discos duros.
 
 
Daniel Rodríguez Herrera es editor de Programación en castellano.

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