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David Vinuesa

El Huesca coloca el espejo delante del Atlético y muestra sus 'ojeras'

Si con 45 minutos espabilados, los rojiblancos rozan la victoria, ¿qué pasaría si no utilizasen la primera para desperezarse?

David Vinuesa
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Si con 45 minutos espabilados, los rojiblancos rozan la victoria, ¿qué pasaría si no utilizasen la primera para desperezarse?
Joao Félix, resignado por el 0-0. | Cordon Press

Antes de iniciar cualquier tipo de análisis, vaya esto por delante como si de una declaración de intenciones en toda regla se tratase: si el Atlético organiza un día un partido de solteros contra casados, hasta en ese amistoso y aunque no fuera necesario, yo pondría a Koke. Un partido de Play Station, Koke. Un tenis, Koke. Una petanca, Koke. Si juega el Atleti, KOKE. ¿Más claro aún? Lo digo todavía más claro. Yo no salgo de casa sin la mascarilla. El Atlético no debería salir de casa sin Koke.

Dicho lo anterior sobre el capitán, ausente en el once titular del Atlético de Madrid ante el Huesca, toca analizar detalladamente lo que rodeó al 0-0 del conjunto rojiblanco en El Alcoraz. Porque en tierras oscenses, Míchel colocó un espejo delante del conjunto de Simeone. Los locales querían sacar de nuevo la peor versión del cuadro colchonero y planteando un partido muy cerrado y sacrificado, el reflejo que mostró el Atlético en el espejo fue el mismo que el del año pasado. Si ante el Almería la cara del equipo de Simeone lució lustrosa y con vida, frente al Huesca volvieron a aparecer esas ojeras y ese tono gris que le costó el año pasado una cantidad de empates ofensiva para un equipo grande. Traducción: en la primera parte se volvieron a dormir.

Decía Simeone al acabar el partido que había que quedarse con la segunda parte rojiblanca y lógicamente tiene razón. En la segunda parte apareció la ambición y la velocidad. En la segunda parte apareció Joao Félix y el atrevimiento. En la segunda parte llegaron las oportunidades. Y en la segunda parte, el Atlético mereció la victoria. Pero, ¿qué pasa con la primera parte? Si con 45 minutos espabilados, los rojiblancos rozan la victoria, ¿qué pasaría si no utilizasen la primera para desperezarse?

Como si de un Déjà vu eterno se tratase, Saúl volvió a ser el encargado de hablar después del partido para volver a repetir que necesitan un partido completo, no a rachas. Si no llega a ser por la nueva equipación, capaz por sí sola de deslumbrar al propio sol, la gente podría pensar que estaban viendo al Saúl de 2018, 2019 y 2020, es decir, el jugador que sale tras un encuentro empatado para decir que debieron espabilar antes. ¿Y si "espabilan antes" después de decir que "había que espabilar antes" y previo a volver a repetir que "había que espabilar antes"?

Pese a todo lo dicho, el Atlético tampoco debe tirarse por una colina después del partido en Huesca. Fue un partido calcado al de otros años y con un rival perfecto y meritorio logrando su objetivo, pero no fue un partido negativo en su totalidad. Los rojiblancos ofrecieron una versión interesante en la segunda parte y en condiciones normales cualquier equipo con las oportunidades que tuvo el Atlético, como mínimo, se habría ido con un 0-1 a casa. El balón es capaz de rebotar 80 veces dentro del área antes de entrar en la portería. Felipe remata hacia arriba y no hacia abajo, Suárez no resuelve ante Andrés Fernández, Joao Félix falla dos claras, Koke no enboca en el corazón el área... Por h o por b no marcan y como esto va de ganar, ganar, ganar y volver a ganar, si no se gana, todo luce extremadamente peor de lo que parece. 

El Atlético tiene mucho tiempo por delante para dejar las siestas a un lado y hacer 90 minutos con el estilo Simeone. Pero 90 minutos, no 45, porque no les vale. Quizá deban pensar que no son tan buenos pese a que lo sean. Porque esa sensación de "aprobaré el examen cuando queden 20 minutos" es cansina y recurrente, al igual que el nivel de algunos jugadores que han tenido más oportunidades que rendimiento. Vitolo, desaparecido, no puede vivir en velocidad de crucero perdido otro año más. Saúl, al que le exigen tanto desde la afición porque tiene calidad y fuerza para callar la boca a cualquiera que le tosa, debe ser el Saúl que se plante delante de Luis Enrique para decirle "si no me llevas a la Selección estás loco porque estoy jugando de 10". Porque si eso no pasa, Simeone debe mirar a su banquillo y soltar la cuerda que sujeta las ganas y el hambre de los Mollejo, Camello y compañía.

Cuatro puntos de seis en dos partidos. Dos versiones del mismo Atlético. Un espejo con dos reflejos totalmente diferentes. Si gana la frescura a las ojeras y el hambre a la ambición tardía y con prisas, el Atlético de Simeone lucirá una sonrisa imponente cuando le pongan de nuevo el espejo delante.

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