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David Vinuesa

La apisonadora del Bayern debe activar la exigencia del Atlético de Madrid

El equipo rojiblanco fue superado por un rival casi imbatible a día de hoy. Aún así, dos jugadas sin intensidad condicionaron al Atlético.

David Vinuesa
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El equipo rojiblanco fue superado por un rival casi imbatible a día de hoy. Aún así, dos jugadas sin intensidad condicionaron al Atlético.
Luis Suárez y Simeone en el Allianz Arena. | EFE

Si en un examen buscas el 10 quizá te quedes, como mínimo, en el 7 o en el 8. Si lo que buscas es un 8 puedes quedarte con un simple aprobado. Y si te conformas con aprobar pues acabar con un suspenso en tu boletín de notas. La exigencia lo es todo en la vida, también en el deporte y aunque te midas con el mejor y seas inferior en potencial, si no te duele perder es que algo está fallando. 

El Bayern de Múnich es a día de hoy el mejor equipo del mundo. Es una apisonadora con futbolistas que solo parecen humanos cuando se les ve sudar, aunque en su caso, como mucho, les caen dos gotas por la frente. Con ese panorama y con la confianza por las nubes, no se puede considerar una debacle que el Atlético perdiese 4-0 en Múnich. Pero ojo, porque la realidad le dé un respiro al equipo de Simeone, eso no debe tapar que una goleada así te debe escocer. Te ha ganado el mejor del mundo, ok, pero te tiene que doler. Porque si te gana Rafa Nadal en Roland Garros, por ejemplo, y sabiendo que es lo que iba a pasar en el 99% de las ocasiones, solo tienes dos opciones, resignarte o exigirte y un equipo que quiere ser campeón algún día debe hacer lo segundo, te gane el Bayern o los Chicago Bulls de Michael Jordan. 

La realidad del duelo de Champions en Múnich es que el verdadero Bayern arrollador salió en la segunda parte, pero en la primera la principal diferencia entre ambos equipos fue la contundencia y la intensidad en dos jugadas concretas. Por muy superior que sea el Bayern al Atlético, que lo es y mucho, si Joao Félix mete la pierna fuerte en la jugada del 1-0, el control y la definición magistral de Coman, al menos en esa acción, no hubiesen tenido lugar.

Si te ganan que sea porque vuelan, no por tener miedo a meter el pie. El enfado de Simeone en la banda fue más evidente con el 1-0 que al recibir el cuarto, porque el Cholo se puede comer una goleada, pero no tolera un pie flojo ante un equipo que revienta troncos con su cuerpo. En la primera parte, Carrasco y Luis Suárez tuvieron 3 ocasiones para dar batalla al Bayern. Los alemanes tuvieron tres y metieron dos y además abusaron de Trippier, al que se comió Coman. Si el Bayern quiere te come y Coman se comió al inglés con patatas fritas y un refresco. Mientras tanto, la afición pensando en un tal Juanfran... Melancolía de tiempos mejores y otra vez la famosa contundencia.

¿Por qué menciono la exigencia? Porque tras el golazo de Tolisso por la escuadra en el 3-0 hasta el comentarista Álvaro Benito soltó en la retransmisión un sincero y resignado "no es un partido para 3-0". Y es la realidad. No era un partido para 3-0 hasta ese momento, sin embargo, acabó siendo de 4-0 por la efectividad germana. Y pese a que la diferencia entre proyectos, plantilla, físico y madurez sean abismales entre bávaros y madrileños, el Atlético vendió el partido demasiado barato por su indolencia en la primera parte. No fue un mal partido rojiblanco y aún así acabó goleado. Por algo será. 

Si el Atlético acepta el discurso de "el Bayern está a otro nivel" sin sentir rabia por la derrota, no llegará jamás a rozar un nivel parecido. Si es necesario que se mientan. Aunque no sea verdad, que el vestuario entone un "si mejoramos les ganamos". Que si vuelven a jugar ante ellos y pierden, que no sea por una pierna floja. Busca el 10, no el 5. Porque lo peor para el Atlético a 22 de octubre de 2020 es que Müller se equivoca al gritarle al árbitro ayer "jugamos ante el equipo más marrullero de Europa y me sacas amarilla a mí". El Atlético ya no es ese equipo que dejó resentido al '25' alemán con jugadores como Gabi, Godín, Torres o Juanfran. Porque si lo fuese y quizá en el futuro lo sea de nuevo, otro gallo cantaría. 

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