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El dilema de la educación

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Aunque tan solo el 10% de los negros norteamericanos apoya a George W. Bush, el 60% favorece una de las piezas centrales del programa de gobierno del candidato republicano: subvenciones públicas para las escuelas privadas. Esta es una de las cuestiones más polémicas del panorama político norteamericano, pues trata de romper el monopolio que el sindicato de maestros tiene sobre la enseñanza, gracias a la simbiosis con el partido demócrata, que cierra el camino a cualquier ayuda a los centros privados, a cambio del apoyo incondicional, político y económico, que el sindicato le brinda.

Hasta ahora, ha sido una victoria relativamente fácil, gracias a los poderosos argumentos demagógicos contra la "ayuda a los ricos", aunque los grandes beneficiados de estas subvenciones serían los que no pueden pagar las escuelas privadas. Como las escuelas se financian con los impuestos locales del catastro y los niños han de ir a las escuelas de sus distritos de residencia, los barrios pobres tienen poco dinero para mantener los edificios y pagar a los maestros, mientras que las zonas ricas pueden dedicar grandes sumas a mejoras sus escuelas.

Los argumentos del "derecho a elegir" la propia escuela y la "igualdad" de oportunidades de la enseñanza pública, no corresponden a la realidad, pues la calidad de la enseñanza es muy distinta según las zonas y tan solo tiene "derecho a elegir" la clase acomodada que puede comprar su casa en los barrios con buenas escuelas. Hay quien puede "elegir" aún más, porque tiene el recurso de pagar una escuela privada, lo que equivale a un gasto doble, pues de todas formas les deducen los impuestos escolares, a veces a costa de un gran sacrificio.

Bush ofrece una nueva versión del sistema de "vales", en que el gobierno da a los padres una cantidad, en su caso 1500 dólares anuales, para gastarla en la escuela de su elección. Varias propuestas semejantes han fracasado en referéndums locales, probablemente porque la clase media es la gran mayoría del país y teme que el dinero de estos vales, que saldría del presupuesto de la enseñanza pública, perjudique los establecimientos a que acuden sus hijos.

Los realmente pobres, generalmente negros, además de ser un porcentaje mucho menor han seguido ciegamente la demagogia de sus líderes. Pero la situación empieza a cambiar, en parte gracias a iniciativas de empresarios particulares que han financiado estos vales, con resultados espectaculares, pues los niños negros han aprendido por primera vez tanto como los blancos. También porque algunos líderes negros jóvenes han cambiado el rumbo y les han convencido de que es la única forma de educar a los hijos con igualdad de oportunidades. Hoy quieren vales el 60% de los negros y el 72% de los negros pobres.

La opinión ha cambiado también entre la población en general, que apoya los vales en un 53% aunque por otros motivos, como los aspectos morales de la educación pública, pues hay padres que se oponen a la distribución de preservativos, o que sus hijos consideren normal el matrimonio homosexual o se les instruya en prácticas homosexuales para evitar el Sida.

Esto ha dado lugar al fenómeno del "home schooling", en que los niños estudian en casa y que constituye la peor condena de la enseñanza pública. Estos chicos tienen en promedio las notas más altas en los exámenes de ingreso en la universidad. Por primera vez, un producto casero es mejor que el profesional.

Al Gore, alumno de una de las mejores escuelas de Washington, se mantiene fiel al sindicato de maestros igual que otros demócratas que tampoco envían a sus hijos a la escuela pública: Clinton pagó 15.000 dólares al año para enviar a Chelsea a Sidwell Friends y los hijos del predicador negro Jesse Jackson acudieron a la exclusiva Saint Albans.

La educación es un punto esencial en estas elecciones para el 70% de los norteamericanos y, aunque los negros sean demócratas, con su campaña para los vales podrían ayudar indirectamente a reforzar el mensaje de Bush.

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