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FBI: El patito feo

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No hace mucho tiempo que los empleados del FBI se contaban entre la elite de los funcionarios de Washington. La graduación en la Academia del FBI era un timbre de gloria, sus técnicas investigadoras eran admiradas por todos y se sentían tan seguros de su vigilancia y selección de personal que ni siquiera obligaban a los agentes a someterse al detector de mentiras, todo un privilegio del que no gozaban ni tan siquiera los agentes de la CIA.

Pero el mundo de la policía federal norteamericana es hoy muy distinto: sus directores no paran de comparecer para explicar escándalos y errores y la opinión pública les ha abandonado: tan sólo el 39% de los norteamericanos confían en el FBI.

Este año ha sido especialmente malo para la otrora lucida imagen de la organización. Después de descubrir a un agente doble que había espiado para Moscú por lo menos durante 15 años, quedaron en ridículo al descubrirse que no habían presentado toda la documentación durante el juicio del peor terrorista de la historia del país, Timothy McVeigh, cuya ejecución se tuvo que aplazar para revisar los documentos.

Si el caso del espía Hanssen tuvo consecuencias para los desafortunados espías dobles de la KGB expuestos por el agente doble del FBI, los documentos presentados tarde no salvaron la vida de McVeigh porque no contenían información exculpatoria, pero sirvieron para satisfacer al responsable de 168 muertes porque señaló la ineficiencia del gobierno federal norteamericano.

Ahora, el FBI vuelve a defenderse por la desaparición de 449 armas de fuego, una cantidad pequeña relativamente pues no llega al 1% de las 50.000 en poder de este organismo y, especialmente, porque es en un plazo de diez años. Pero al mismo tiempo es mucho más grave la pérdida o, probablemente, robo, de 184 computadoras que, además de tener un valor material mucho más elevado, parece ser que tenían información secreta.

El problema es, probablemente, un caso agudo de errores de inventario, tan comunes en los organismos norteamericanos pero que llueve sobre mojado. Los congresistas han perdido la paciencia y la otrora orgullosa agencia gubernamental se ha convertido hoy en el patito feo al que todos critican y del que dudan sistemáticamente.

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