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¿Ha empezado la guerra?

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Mientras siguen los aspavientos bélicos en la Casa Blanca, los líderes de todo el mundo fulminan contra el “unilateralismo” norteamericano y las Naciones Unidas se preparan ante un alud de declaraciones y propuestas para meter en vereda al díscolo Sadam Husein, el Pentágono podría haber entrado en la primera fase de la guerra contra Irak. Si es así, lo hace a la chita callando y desde luego puede detenerla sin verse obligado a dar explicaciones en el caso de que el presidente Bush no la considere necesaria. Pero lo cierto es que las acciones de las últimas semanas se parecen mucho a los movimientos que antecedieron a la Guerra del Golfo Pérsico, once años atrás.

Washington ha contratado varios barcos para transportar hacia Oriente Medio artillería y armas de gran volumen. Los últimos ataques contra las posiciones iraquíes han sido de mucha mayor envergadura de lo que hemos visto en mucho tiempo, con la participación de 100 aviones norteamericanos y británicos, y estos ataques además tuvieron como objetivo las defensas antiaéreas, lo que en lenguaje militar se llama “ablandar ” los objetivos.

El Pentágono insiste en que todo esto, así como la acumulación de tropas cerca de Irak, es puramente rutinario y forma parte de las operaciones normales para mantener la vigilancia y la disuasión, pero también es cierto que, si finalmente Bush decide ir a la guerra, podrá acortar en algunas semanas la etapa preparatoria. Esta preparación puede intensificarse a partir de este jueves, cuando, según se ha filtrado en EEUU, el presidente Bush presente un ultimátum a Bagdad para que permita las inspecciones de la ONU si no quiere verse como objetivo de un ataque que sería “devastador”. Pero mientras, antes y después del ultimátum, puede seguir el despliegue de amenazas y las llamadas a la Guerra Santa contra Sadam.

Tal vez no sirvan para desmantelar los arsenales militares que pueda tener, pero sí servirán para fortificar en las urnas al partido del presidente en las elecciones del 5 de noviembre. El apoyo de los norteamericanos de patriotismo radical, de los conservadores decepcionados por la flaqueza de sus bolsillos y el favor de la poderosa prensa judía, podrían devolver la mayoría senatorial al Partido Republicano e impedir que los demócratas recuperen el control que durante casi medio siglo tuvieron de las Cámara de Representantes y que perdieron bajo el presidente demócrata, Bill Clinton.

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