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La hora de Bush

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Después de meses de malas noticias y erosión de popularidad, el mes de diciembre ha llenado al presidente Bush con regalos de Navidad, desde la captura de Sadam Husein y los acuerdos con Gadafi, hasta la serie de previsiones económicas por encima de las proyecciones más optimistas.
 
La detención de Sadam ha servido para ampliar la tolerancia de los norteamericanos ante los atentados que cuestan casi diariamente la vida de alguno de sus soldados y ha dado una dimensión nueva a la decisión de Libia de renunciar a las armas de destrucción masiva y cooperar contra el terrorismo. Para Bush, el significado electoral no podía ser mayor. Hace tiempo ya que los demócratas que aspiran a su cargo abandonaron los argumentos económicos y los recientes datos, que muestran el crecimiento mayor de los últimos 20 años e incluso un aumento del empleo, les siguen obligando a buscar otros puntos débiles.
 
Howard Dean, quien parece cada día el candidato más probable para enfrentarse a Bush en noviembre, encontró un filón en el goteo de bajas norteamericanas del Irak, pero la captura de Saddam cerró esa mina e incluso le ha puesto a la defensiva.  Dean cometió el error de decir que tener a Sadam en la cárcel será bueno para los iraquíes, pero no aumenta la seguridad de Estados Unidos, pues los acuerdos con Gadafi permiten acusarlo de miopía a la hora de valorar el panorama internacional, un aspecto en que Dean es vulnerable por su falta de experiencia en este terreno. Es una buena noticia para el resto del pelotón demócrata que a partir de enero tratará de quitarle a Dean la ventaja que les lleva, pero eso mismo beneficia también a Bush que tan solo puede ganar de las disputas en el campo rival.
 
Dean insiste en demostrar que los norteamericanos no han ganado en seguridad y señala que estas Navidades las han pasado con un nivel de alerta elevado y en medio de fuertes precauciones antiterroristas, pero es una defensa desesperada: en momentos difíciles y ante una amenaza nacional como el terrorismo de Al Qaeda, el pueblo se arremolina en torno a su presidente. Es algo que Dean y sus colegas demócratas, todos con amplia experiencia política, han de saber y que lo confirman las encuestas más recientes, con una fuerte recuperación de Bush en los niveles de popularidad y con una ventaja de 50 a 41 ante cualquier hipotético rival demócrata.
 

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