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Los ricos, de George Bush

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Uno de los argumentos más repetidos por Al Gore en sus ataques contra las propuestas fiscales de George W. Bush es que su recorte de impuestos beneficia al uno por ciento de los norteamericanos más ricos pero, seguramente para sorpresa del candidato demócrata, el otro 99 por ciento sigue favoreciendo ligeramente a Bush por encima de Gore.

El demócrata está acertado en insistir en los aspectos económicos, pues las encuestas indican que son los que más preocupan a los norteamericanos: la economía en general es lo más importante para el 76% de la población, seguido muy de cerca por el despilfarro del Gobierno con un 71% y, en la misma proporción, los impuestos y la salud, aunque este último punto no preocupa porque la atención sanitaria sea mala, sino por su elevado precio.

Las propuestas económicas son también el centro de la campaña de Bush, pero sus iniciativas son muy distintas de las de Gore y, por mucho que los especialistas traten de compararlas, es imposible porque las diferencias radican en las filosofías de los candidatos. Gore selecciona a los beneficiados de la generosidad fiscal para promover un modelo social, mientras que Bush, fiel a las tradiciones republicanas, pone las decisiones en manos del individuo, trata de repartir regalos por igual y simplifica su programa diciendo "nadie ha de pagar más de un tercio de lo que gana".

Y precisamente aquí está la razón del famoso uno por ciento. Al recortar los impuestos a quienes los pagan, Bush beneficia automáticamente a aquellos tienen suficientes ingresos para contribuir al fisco e, inevitablemente, los que más pagan tiene mayor rebaja, aunque varios estudios desmienten que el porcentaje sea del 1%.

Bush quiere simplificar las tablas fiscales, que ahora estipulan 5 tipos progresivos del 15,28,31,36 o 39.6%, para reducirlos a 4 tipos y a niveles más bajos de 10,15,22 y 33%. Estos impuestos pueden parece bajos a los lectores europeos, pero hay que tener en cuenta que, además, están los impuestos estatales y locales, que en algunos lugares son superiores al 10%. Con los descuentos por Seguridad Social y el seguro médico para los jubilados Medicare, la clase media alta paga deja hoy más de la mitad de sus ingresos en el erario público.

Gore también propone rebajas fiscales pero, a diferencia de Bush, no se rige principalmente por porcentajes, sino por grupos de población. A quienes tienen hijos, a quienes llevan al niño a la guardería, o cuyos hijos son universitarios, o cuidan de padres ancianos o, por lo menos, están casados. Estas condiciones no son suficientes: las bonificaciones por hijo van a quienes los tienen en guarderías, no si la madre se queda en casa a cuidarlos, o si los dejan a cargo de algún familiar. En cuanto a las desgravaciones para los enormes costos por asistir a la universidad, se aplican con un baremo y quedan totalmente eliminadas para las familias que alcanzan los 120.000 $ al año, o 60.000 si se trata de un padre o madre solos. La media de ingresos del país está en 41.000 $ anuales y en zonas "caras" como Washington, en 82.000.

Otras rebajas son aún más restrictivas, hasta el punto que Gore deja fuera, según múltiples análisis, a más de 50 de los 94 millones de contribuyentes del país. Por ejemplo, Gore apoya la idea popular de imponer igual a casados que a solteros, pero a condición de que el matrimonio no desgrave por conceptos específicos.

Gore tiene razón en que los más pobres no se benefician de las rebajas fiscales de Bush, pues aproximadamente un tercio de los norteamericanos no contribuye: un cabeza de familia con 2 hijos, no empieza a pagar hasta que no supera los 28.000 $ y esto explica seguramente el apoyo de Gore entre los pobres: por debajo de los 15.000 $ anuales de ingresos, Gore aventaja a Bush por 58 a 30%, y por debajo de los 25.000, por 46 a 34%.

El problema de Gore, sin embargo, es que en este país no hay bastantes pobres como para inclinar la balanza en su favor. La gente de ingresos bajos no es mayoría y el gran grupo en torno a la media, los que ganan entre 25.000 y 50.000 $, está desarrollando "intereses capitalistas" gracias al enorme crecimiento de la bolsa que constituye uno de los grandes deportes nacionales. Esta gente se siente menos atraída por slogans de lucha de clases y más por números reales y tradicionales, y está dispuesta a escuchar a Bush pues los dos candidatos están muy igualados, mientras que Bush va por delante entre los de ingresos mayores.

Más allá de los recortes inmediatos, están las consecuencias a largo plazo, como la jubilación: gracias al sistema de pensiones paralelas a la Seguridad Social, hay millones de norteamericanos de ingresos medios con cientos de miles de dólares acumulados en sus planes de pensión. No se trata de un dinero teórico, de un derecho a recibir una cantidad en un momento dado, sino de una cuenta real, propiedad del asegurado y que su familia puede heredar. El administrador del fondo informa al interesado periódicamente del capital acumulado, y puede así seguir las evoluciones de la bolsa y calcular cuánto se quedará el Estado el día en que el beneficiario empiece a retirarlo.

Lo que es todavía peor para Gore es que la participación electoral parece crecer en proporción directa al nivel de ingresos. Los sindicatos tratan de compensarlo pidiendo a sus afiliados que acudan a las urnas el 7 de noviembre y esto puede reflejarse en los votos de zonas industriales como Detroit, pero Bush trabaja intensamente con estos grupos de obreros cualificados cuyos ingresos los ponen por encima de los sectores favorecidos por Gore.

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