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La próxima Ley de Seguridad Alimentaria

El mejor "botiquín" es una buena despensa de productos de la dieta mediterránea.

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La Ley de Seguridad Alimentaria que próximamente se publicará en el BOE, ha sido desvirtuada antes de su "expulsión del seno materno" ministerial por quienes han visto en ella, única y casi exclusivamente, el mecanismo por el que se va a prohibir la instalación de "máquinas expendedoras de chuches y productos alimenticios –basura– salados y dulces".

Hay una realidad incontestable y es la cada vez mayor incidencia y prevalencia de niveles elevados de colesterol en sangre en la población infantil, con la consiguiente repercusión metabólica en la salud escolar. Sin embargo, la responsabilidad de ese consumo no es exclusiva de los productores y consumidores.

Quienes desde hace años somos defensores de la dieta mediterránea como estilo de vida ligado a la alimentación, actividad física y comportamiento socio-ambiental, no podemos entender cómo la nutrición es tan solo parte de actividades escolares transversales en los planes educativos. Las matemáticas son imprescindibles, al igual que el conocimiento del medio y la lengua, la historia y la informática pero... ¿no es cierto que para el conocimiento integral formativo de la persona es imprescindible conocerse primero a uno mismo? ¿No es cierto que el mejor y mayor conocimiento debe ser el de los factores promotores y preventivos en salud?

Por muy completa y consensuada que salga la ley, ésta debe acompañarse de la formación integral nutricional a todos los niveles: en la familia, en la escuela, en el centro de trabajo, en la universidad y en todos aquellos lugares donde el individuo como persona sea el principal referente.

Afortunadamente, hoy nadie pone en duda que la mejor farmacia es la cocina del ama de casa, aunque también puede convertirse en negativo –si los alimentos no son saludables– en la presala de la unidad de cuidados intensivos. El mejor "botiquín" es una buena despensa de productos de la dieta mediterránea.

Una vez más debemos reflexionar y valorar que la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos no son sólo unas buenas cuentas corrientes bancarias, sino unos hábitos saludables que promuevan su salud integral y les prevengan de enfermedades degenerativas, cáncer, diabetes, arteriosclerosis y enfermedades cardiovasculares.

Pensemos que a lo largo de nuestra vida –75 a 80 años– consumimos algo más de 60 toneladas de alimentos. Si estos son óptimos para la salud alcanzaremos esa esperanza de alargar los años saludables de vida. Por el contrario, si los alimentos son poco saludables, mal cocinados o nuestros hábitos físico-ambientales carecen de valores en salud, nuestra jubilación etaria estará poco definida.

Feliz Verano.

Juan Manuel Ruiz Liso es doctor en Medicina y cirugía.

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