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Intoxicaciones en la infancia II. En el hogar

Las sustancias más peligrosas son: lejía, amoníaco, aguarrás, aguafuerte y limpiamuebles. Producen lesiones cáusticas en los labios y en las mucosas de la boca y garganta y, si pasan más adelante, también quemaduras en el esófago y el estómago.

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Los productos utilizados para la limpieza de la casa se suelen guardar en la cocina o el cuarto de baño, casi siempre a ras de suelo con lo que los niños tienen fácil acceso a ellos. Son los niños con edades inferiores a los cinco años los más afectados por este tipo de intoxicaciones ya que los mayores entienden que tales productos no son "para comer".

Sin embargo, la costumbre de algunas personas de conservar ciertos líquidos limpiadores -lejía, amoníaco, aguarrás- en envases distintos de los originales, como son botellas de refresco, pueden ocasionar lamentables confusiones también en niños mayores e incluso en algún adulto.

Todas estas sustancias deberían almacenarse en lugares altos, bajo llave y con los envases originales u otros correcta y claramente identificados y bien cerrados con tapones preferiblemente de rosca.

Este tipo de tóxicos puede actuar por tres vías diferentes: 1) por inhalación en el caso de disolventes, pinturas o algunos insecticidas; 2) por absorción a través de las mucosas o de la piel, como ciertos productos colorantes con que se tiñen las ropas del niño, hoy excepcionales al estar prohibido su uso industrial; y 3) la más frecuente, por ingestión.

En primer lugar mencionaré, como al referirme a los medicamentos, algunos de los productos habituales en el hogar cuya ingestión, al menos en pequeñas cantidades, no es tóxica: agua oxigenada, aceites cosméticos, cerillas, champúes, colonia, crema de afeitar, desodorante, detergentes, jabón, lociones, pasta de dientes, tinta, tizas, velas. Alguien puede pensar que ningún niño se comerá estas cosas, pero los niños son muy capaces de llevarse a la boca e ingerir las sustancias y objetos más inverosímiles.

Las sustancias más peligrosas son: lejía, amoníaco, aguarrás, aguafuerte y limpiamuebles. Producen lesiones cáusticas en los labios y en las mucosas de la boca y garganta y, si pasan más adelante, también quemaduras en el esófago y el estómago.

Además, el amoníaco y el aguarrás emiten vapores desde el aparato digestivo que pasan al respiratorio donde lesionan gravemente el pulmón unas horas después de haber sido ingeridos. En cuanto a algunos limpiamuebles, son capaces de provocar serios trastornos renales y hepáticos.

Con mucha frecuencia el niño no llega a ingerir el tóxico sino que se lo derrama sobre la cara y las ropas. Entonces no suele haber lesiones en la boca, pero aún así es necesaria la atención médica y una rigurosa vigilancia evolutiva durante unas horas o días. Luego veremos los distintos procedimientos terapéuticos utilizados y los que son de aplicación inmediata en el hogar.

Otras intoxicaciones

Ciertas plantas ornamentales contienen en sus hojas o en sus tallos sustancias potencialmente tóxicas. Entre ellas conviene destacar, por los comunes que son en hogares y jardines, la difembaquia, la flor de pascua y la adelfa. La toxicidad es únicamente por ingestión al chupar la planta o mordisquear las hojas, no por simple contacto.

Un material que en los últimos años se ha erigido como uno de los principales motivos de consulta urgente tras su ingestión accidental son las pilas "de botón". Hay en los hogares multitud de aparatos y juguetes que utilizan este tipo de pilas como fuente de energía y por su pequeño tamaño y fácil extracción no es raro que los niños menores jugueteen con ellas en la boca y acaben por tragarlas.

Estas pilas están formadas por un estuche metálico en cuyo interior hay sustancias mercuriales en las que reside el poder tóxico y cáustico. La actitud médica es realizar una endoscopia para su extracción cuando se hallan en los tramos altos del aparato digestivo, por encima del píloro, pero si no se logra el éxito con ella, se continuará una vigilancia intensa, con la ayuda de los rayos X, del progreso de la pila a través del tubo digestivo, puesto que se ha comprobado la rareza de su apertura; sólo en el caso de que se detuviera más de 4-6 horas en un mismo punto, se plantea la intervención quirúrgica.

Los otros tipos de pilas, por su tamaño, no suelen dar lugar a su ingestión y, en cualquier caso, no entrañan riesgo eliminándose con las heces en dos o tres días. Unicamente cuando estas pilas son viejas y han dejado salir una parte de su contenido ácido pueden provocar ligeras quemaduras en la mucosa de labios o boca si el niño las chupa.

José Ignacio de Arana Amurrio, es pediatra y doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid.

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