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La seguridad en el consumo de alimentos y medicamentos

Debemos ser conscientes de la importancia de leer bien, sí leer, los prospectos de los medicamentos cuando se asocian con el consumo de alimentos.

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¿Recuerda, amigo lector, que a lo largo de nuestra vida consumiremos más de 65 toneladas de alimentos para una vida de +/- 80 años?

Durante el mes de noviembre de este año 2011 celebramos en Soria el Mes de la Salud de la Fundación Científica Caja Rural, que dedicamos a la Seguridad Alimentaria. A lo largo de las diversas conferencias celebradas han surgido una serie de hechos que considero de interés que conozcan, valoren y pongan en valor los lectores de Libertad Digital.

Comenzaré por algo que, a nivel personal, afectó mis placeres gustativos. Se trata de "las gambas" y del resto de sus hermanos marítimos. Quien suscribe, como muchos de ustedes, es asiduo a "chupar" –en castellano– y absorber sus cabezas, dentro de esa tradición de aperitivos y paellas, tan española. Pues olvídense de ello. El mar, el océano, que es día a día un enorme vertedero, condiciona que el hepato-páncreas de estos mariscos, localizado en su parte cefálica, se cargue de un elemento tóxico como el cadmio que, consumido con asiduidad, nos condicionará problemas de salud. Este metal que encontramos de forma variable en algunos alimentos, condiciona diferentes trastornos entre los que se incluyen el daño renal –que pudiera ser grave en dosis significativas–, la disminución de las cifras de calcio en el hueso llegando a poder provocar variaciones y malformaciones en el feto cuando se produce intoxicación maternal y alteraciones en el sistema inmunológico. Otros estudios también han relacionado el cadmio con el desarrollo de algunos tumores, diabetes e hipertensión, pero hoy no son totalmente concluyentes. Lo que sí deberíamos recomendar es que el consumo de estos mariscos se haga descartando la ingesta o "expresión gustativa" de las cabezas, y especialmente en madres gestantes y niños. Aunque se conocen bien los efectos de la intoxicación aguda, los efectos crónicos debidos a un consumo moderado durante muchos años no están bien evaluados. Los pescados grasos deben ser también consumidos con prudencia, especialmente los de mayor tamaño como el pez espada, que acumulan en sus tejidos los depósitos de metales pesados como el mercurio, depositados en los océanos –sin ningún control– a manera de vertedero de residuos –con mayúscula–.

Por otro lado y gracias a los trabajos de la Dra. Maria Teresa San Miguel, del Ministerio de Sanidad, debemos ser conscientes de la importancia de leer bien, sí leer, los prospectos de los medicamentos cuando se asocian con el consumo de alimentos. Somos los profesionales médicos, a veces, los que damos por hecho el conocimiento por el paciente de las circunstancias en que deben ser consumidos. Sin embargo, esto no es así. El paciente debe ser conocedor y lector de las etiquetas de los alimentos tanto como de los prospectos de los medicamentos, y seguirlos debidamente para conseguir su efectividad en tiempo y forma frente a la enfermedad. Hay medicamentos que deben ser tomados en ayunas mientras que otros deben acompañarse de alimentos para su absorción; de lo contrario, no se produce el efecto farmacológico deseado con el consumo de unos u otros productos.

Me permito trasladarles algunos de ellos y remitirles a los trabajos de esta autora que pueden obtener a través de las páginas de internet. De igual forma es importante tener presente los cuadros recordatorios que Mariano Madurga realizaba en la Revista Aula de la Farmacia y que me permito reproducir por su interés práctico.

Sirva de ejemplo que personas con medicación antihipertensiva deben evitar el consumo de regaliz o derivados ya que inhiben el efecto farmacológico de los mismos. De igual forma, sin embargo, personas que tengan la tensión arterial muy baja, sometidos a lipotimias por hipotensión, harían bien en llevar consigo un palo de regaliz o las famosas pastillas "Juanolas".

Algunos medicamentos de terapia psiquiátrica como el haloperidol, la fenitoína e incluso los AINEs, la warfarina y la clozapina deben evitar su asociación con el consumo de soja, ya que pueden aumentar sus efectos adversos.

Dado que nuestros lectores son lo suficientemente inteligentes para interpretar estos cuadros les someto a su lectura y aplicación. No obstante, les recomiendo consultar la página web de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición que, dirigida por el Dr. Roberto Sabrido, es el mejor foro para conocer objetiva y racionalmente los temas tratados en este artículo en relación con la alimentación.

Juan Manuel Ruiz Liso es doctor en Medicina y cirugía.

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