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Los tres tenores de los trasplantes

La cadena la inició Dausset, Matesanz es el eslabón prototipo imprescindible y Cavadas el médico humanista y humanitario que deberíamos clonar. Afortunadamente como médico y como persona he podido conocerlos y aprender mucho de ellos.

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Hace algo más de once años (julio 2000), tuve el privilegio de conocer y disfrutar –en Altea, Premios Rey Jaime I–, del carisma del profesor Jean Dausset (1916-2009), gracias a la generosa invitación del profesor Santiago Grisolía. Meses después, un frío viernes de enero soriano de 2001, ambos profesores apadrinaban nuestra Fundación Científica Caja Rural de Soria. En la cena, basada en productos micológicos sorianos, surgió el importante comentario del Premio Nóbel de Medicina del año 1980. En un francés españolizado, gracias a su matrimonio, nos transmitía en los postres su especial interés por conocer al Dr. Rafael Matesanz, con quien nunca había coincidido profesionalmente. Quien descubriera los "antígenos de histocompatibilidad" para los trasplantes, nos decía que tenía verdadera necesidad en dialogar y aprender muchas cosas de él, ya que un profesional de su talla era lo que necesitaba el Estado francés para poner a punto una óptima política de trasplantes que no tenía. Afortunadamente, quien suscribe había trabajado con el Dr. Matesanz y disponía de su teléfono móvil. Nunca olvidaré su cara de satisfacción mientras hablaba con él y se citaba –horas después– en el Parador Nacional de Turismo Antonio Machado de Soria. Tampoco la gran nevada que cubrió toda la provincia.

Créanme, amigos lectores, que a las 11:00 a.m. de ese sábado invernal, mi temperatura corporal emocional ardía de satisfacción al haber contribuido a ese momento en el que el mayor y primer investigador y el mejor gestor-coordinador de trasplantes –a nivel internacional– se fundían en un abrazo. Cerca de tres horas bajo la atenta mirada y participación del profesor Santiago Grisolía, visionando la curva de ballesta machadiana del Duero junto a San Polo, permitieron el desarrollo posterior de una colaboración interdisciplinar entre ambas personalidades, que a punto estuvo de pasar negativamente a la Historia de la Medicina, cuando quien suscribe, a primeras horas de la tarde, se empeñó en que visitaran las Ruinas de Numancia. Los romanos no hubieran conquistado la ciudad celtibérica ese día. Más de 40 cm. de nieve la cubrían, y, si no interviene el Dr. Matesanz que aconsejó la retirada, hubieran fenecido Dausset y Grisolía y hoy no disfrutaríamos tampoco de la presencia del Premio Príncipe de Asturias. Fueron casi 72 horas que hoy he querido dar a conocer por lo trascendentes que fueron a posteriori. Me decía el profesor Dausset cuando le comunicaba que en Soria teníamos casi 100 centenarios (población provincial menor de 100.000 habitantes) que él tenía recogidas en Francia 200 parejas de gemelos centenarios y que sería interesante tomar muestras sanguíneas de los celtibéricos... Desgraciadamente en Soria no teníamos gemelos.

El día 2 de Diciembre de 2011, una década después, entregábamos –también en Soria– el Premio Nacional de Investigación en Avances Médicos de la Fundación Científica Caja Rural, al Dr. Pedro Cavadas Rodríguez, también valenciano como Grisolía y como la esposa de Dausset, primer cirujano que realiza en el mundo el trasplante de dos piernas de un cadáver, después de haber realizado uno de los primeros de cara, manos, brazos... Ofreció su reconocimiento a su madre –Carmen Rodríguez– y su conferencia de clausura en el marco de Soria Saludable supuso el mayor reconocimiento y el más emotivo de una provincia entera hacia un profesional de la medicina. Un Aula Magna Tirso de Molina –reventada de público– siguió sin moverse los 100 minutos de su conferencia –el tiempo se le había hecho corto porque estaba muy a gusto– y cual si de Plácido o Montserrat, Pavarotti o la Callas se tratara, más de 8 minutos de aplausos cerraron su homenaje que compartió con Carmen. De nuevo aparecía Rafael Matesanz como motor de esta política de trasplantes. Y, sobre todo y ante todo, vimos a un hombre "humano" –sí, humano–, que ha renunciado a los placeres vitales y cuentas corrientes de su actividad para legarlos en trabajo y capital a los más necesitados en África –sin olvidar lo nacional– a través de la Fundación Pedro Cavadas a quien donó los 12.000 Euros del Premio, con objeto de seguir promoviendo y ejerciendo el HUMANISMO médico-quirúrgico en ese continente.

La cadena la inició Dausset, Matesanz es el eslabón prototipo imprescindible y Cavadas el médico humanista y humanitario que deberíamos clonar. Afortunadamente como médico y como persona he podido conocerlos y aprender mucho de ellos.

Juan Manuel Ruiz Liso es doctor en Medicina y cirugía.

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