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EDITORIAL

A falta de nuevas, cincuentonas

A pesar de la posición, aparentemente favorable, del ministro Sebastián, lo cierto es que el PSOE de Zapatero no ha hecho más que alimentar una reaccionaria oposición a una energía limpia, casi inagotable y barata como es la nuclear.

EDITORIAL
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"Algunas con 50 años están estupendas". De esta forma tan sui generis ha hecho referencia el ministro de Industria, Miguel Sebastian, a la disyuntiva entre cerrar o renovar por diez años la autorización de la central nuclear de Santa María de Garona que ya cuenta con casi cuarenta años de servicio. Si el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) decidiera mañana en su informe técnico desaconsejar la prórroga de su actividad, el cierre de la central sería automático. Sin embargo, si el CSN apoya la petición de prórroga de los gestores de Nuclenor –un consorcio participado al 50 por ciento por Endesa e Iberdrola– la decisión estaría en manos del Gobierno.

Los informes de los expertos van en la línea de lo apuntado por el ministro de Industria: así, un estudio de la Nucleonics Week sitúa la planta de Garona en el puesto 31 de las centrales más operativas de entre las 438 que existen en el planeta, y en el cuarto puesto de las que se encuentran en funcionamiento en Europa.

Sin embargo, a nadie se le escapa que no estamos ante una decisión técnica, sino política. A pesar de la posición aparentemente favorable del ministro Sebastián, lo cierto es que el PSOE de Zapatero no ha hecho más que alimentar una reaccionaria oposición a una energía limpia, casi inagotable y barata como es la nuclear.

A pesar de que entre los sindicatos y las filas del PSOE –véase Felipe González, Solana o el propio Sebastián– esta actitud antinuclear esté cambiando, lo cierto es que Zapatero no quiere perder el favor de una izquierda cavernícola que utiliza el color verde para maquillar su oposición al progreso. Su insistente respaldo a las ineficientes e insostenibles energías mal llamadas "renovables" no augura nada bueno, más aun a cuarenta y ocho horas de una cita electoral.

El hecho, sin embargo, es que, tal y como señala una reciente encuesta, el respaldo popular a la energía nuclear ha pasado del 12 al 49 por ciento en tan solo cinco años. Así mismo, y tal y como pone de manifiesto un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos, por cada empleo creado en España en las "renovables" se ha destruido un promedio de 2,2 empleos netos en la economía.

En cualquier caso, el destino de la energía nuclear en España no debería depender de las prórrogas o del alargamiento de la vida útil de un inamovible número de centrales, sino del convencimiento de lo útil y beneficioso que puede ser la energía nuclear. Más vida útil tendrían cincuenta recién nacidas, que una de cincuenta por muy estupenda que esté.


 

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