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EDITORIAL

Afganistán: comparecer para no informar

Lo que denunciamos es la imposibilidad de ganar esa guerra cuando no se reconoce que estamos participando en ella, y cuando lo hacemos con el discurso más propio de una ONG que el que debería animar y llevar a cabo una misión militar

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El tan esperado pleno del Congreso dedicado a Afganistán y a nuestra presencia militar en aquel país ha servido para poner de manifiesto que Zapatero no está dispuesto a informar ni cuando tardíamente comparece, se supone que para hacerlo. Ya no es sólo que el presidente del Gobierno haya dejado por enésima vez de manifiesto su tozuda renuencia a reconocer que allí nuestros soldados están participando en una guerra, es que también se ha negado a informar con claridad y detalle por qué nuestras tropas lo están haciendo, contra quién estamos combatiendo, qué valores estamos defendiendo, cuáles son los objetivos de nuestra misión, cuál es el nivel de coordinación con nuestros aliados y hasta dónde estamos dispuestos a llegar con ellos.

El presidente del Gobierno no ha respondido más que con vaguedades a estos y otros muchos decisivos interrogantes, no todos ellos planteados por el líder de la oposición. Así, asegurar que "seguiremos haciendo todo lo posible para que pronto llegue el día en que nuestras tropas puedan abandonar el territorio afgano con la plena satisfacción del deber cumplido" está bien, siempre y cuando nos diga previamente, de forma concreta y clara, cuál es ese "deber que hay que cumplir". Referirse a él con inconcretas referencias a la "seguridad" o a la "estabilización del país" en nada lo esclarece, como tampoco lo hacen las referencias al terrorismo islámico, que parecían más destinadas a reforzar la versión oficial respecto a la autoría del 11-M que a otra cosa.

A este respecto no podemos dejar de manifestar nuestra sorpresa al ver cómo quienes dan por incontestable la autoría islamista de ese atentado, y la han utilizado para justificar nuestra precipitada retirada de Irak, la saquen ahora a colación para justificar nuestra permanencia en Afganistán. ¿Es que Zapatero aspira para Afganistán algo distinto a lo que no ha contribuido a lograr para Irak?

Somos los primeros, con independencia de la desacreditada versión oficial del 11-M, en advertir que el terrorismo islámico es una amenaza para todo el mundo libre y que Afganistán es un campo en el que hay que librar esa guerra. Lo que denunciamos es la imposibilidad de ganarla cuando no se reconoce que estamos participando en ella, y cuando lo hacemos con un discurso más propio de una ONG que el que debería animar una misión militar.

También nos ha llamado la atención que Zapatero no respondiera –ni Rajoy planteara la pregunta– sobre el grado de coherencia de luchar contra el terrorismo islámico en Afganistán, cuando además de satisfacerlo en Irak, nuestro Gobierno lo está financiando con el pago de rescates en el Sahel. Como valientemente ha denunciado Rosa Díez: "Para liberar a uno de los nuestros no se puede pagar a los que asesinan a otros de los nuestros".

El caso es que, visto lo visto, es imposible hacerse una idea sobre cuáles son los planes para Afganistán de nuestro Gobierno ni a corto ni a medio plazo ni lo que va a proponer nuestro país en la próxima cumbre de la OTAN en Lisboa. Respecto los irresponsables anuncios de retirada norteamericana, posteriormente matizados por el Gobierno de Obama, Rajoy ha estado muy acertado al advertir que "o bien los objetivos se olvidan de los plazos, o los plazos obligarán a olvidar los objetivos". El problema es que el nihilista de Zapatero no tiene claro ni los plazos ni los objetivos de nuestra presencia militar en Afganistán.


 

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