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EDITORIAL

Al fin, el fútbol hace historia

Este 29 de junio, por fin, nos hemos sacado la espina, y lo hemos hecho con nota. España no sólo ha ganado la Eurocopa, sino que lo ha hecho jugando mejor que ninguna otra selección del campeonato.

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España, en correspondencia con su mayor peso económico, ha ido mejorando sus resultados en prácticamente todos los deportes, logrando éxitos incluso en algunas disciplinas en las que nunca habían destacado los nuestros, como es la Fórmula 1. Pero teníamos una espina clavada, la del fútbol, la del deporte que más pasiones desata en nuestro país. Este 29 de junio, por fin, nos la hemos sacado, y lo hemos hecho con nota. España no sólo ha ganado la Eurocopa, sino que lo ha hecho jugando mejor que ninguna otra selección del campeonato.

Si la final no se hubiese jugado contra Alemania, y el resultado no se hubiera quedado tan corto, los millones de españoles que hemos visto el partido en Viena, en nuestras casas o en las pantallas gigantes instaladas por toda España menos donde mandan los nacionalistas, la hubiéramos vivido con total tranquilidad. La selección española ha sido muy superior a la germana, como lo ha sido a todas las que se ha enfrentado durante el campeonato.

Casillas, Ramos, Puyol, Marchena, Capdevilla, Senna, Iniesta, Xavi, Fábregas, Silva y Torres será la alineación que muchos de los que viven esto por primera vez recordarán toda su vida, igual que los más mayores se acuerdan de la que ganara la Eurocopa del 64. Esa, o la que alinea a Villa en lugar de Cesc, pues fue la que venció la maldición de los cuartos y la que nos hizo soñar que esta vez sí podíamos ganar. Enhorabuena a todos ellos, al resto del equipo, a los españoles en general y a Luis Aragonés, que rubrica así el mejor papel como seleccionador en toda la historia del fútbol español.

Desgraciadamente, a muchos habrá algo les siga doliendo después de esta final, y es que para tantos compatriotas España siga siendo sólo una camiseta, una bandera que sólo representa a unos deportistas, y no a una nación. Para la minoría para la que España es una garantía de nuestras libertades y nuestros derechos, esta gran victoria no conlleva sólo alegría y satisfacción, sino un punto de amargura ante los éxitos de una nación que se marcha por el desagüe.


 

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