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EDITORIAL

Al Gore o la cara dura

Y todo este dineral por sendas charlas, en las que el predicador del ecologismo chic repetirá los cuatro lugares comunes de siempre

EDITORIAL
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Pocos políticos encarnan mejor la cara dura y desvergüenza de la izquierda americana que Al Gore, arquetipo del político profesional, candidato derrotado en las presidenciales de 2000 que, antes de enfrentar lo inevitable, se ha reconvertido en apóstol mundial del calentamiento global, el tema de moda para cualquiera que quiera participar de la suculenta tarta de fondos públicos destinados a estudiarlo o paliarlo. Su infumable documental “La verdad incómoda”, que ha recibido galardones por doquier, casi tantos como los presuntos reportajes de Michael Moore, ha demostrado dos cosas; que en torno al calentamiento global no hay más que un obsceno circo político a escala mundial con mareantes cifras de dinero público de por medio, y que su inspirador es un millonario con mucho tiempo libre y pocas ganas de dar ejemplo.

Y no sólo porque viva en una impresionante mansión en Tennessee, que no está lo que se dice al alcance del asalariado medio, sino porque, tras sus muros, se consume más electricidad en un mes de lo que un americano promedio consume en todo un año. Habida cuenta que los hogares estadounidenses gastan mucha más electricidad que los europeos, la factura de la luz de la familia Gore debe ser escalofriante. Lo peor es que es el propio Al Gore el que, a través su documental y de conferencias cobradas a millón, representa el papel de Pepito Grillo mundial advirtiendo sobre lo insolidario y bochornoso que es gastar más de la cuenta.

Dos de esas conferencias las está dando ahora en España, en las islas Canarias, donde ha encontrado a generosos anfitriones que le han extendido una larguísima alfombra roja y un cheque por valor de 480.000 euros, o lo que es lo mismo, 80 millones de las antiguas pesetas. 100.000 correrán a cargo del Gobierno de Canarias, esto es, de todos y cada uno de los canarios, y el resto vendrán a cuenta de un grupo de empresarios locales capitaneado por el constructor y hotelero Santiago Santana Cazorla. Y todo este dineral por sendas charlas, en las que el predicador del ecologismo chic repetirá los cuatro lugares comunes de siempre, plagados de inexactitudes y sesgados de un modo tal que la climatología en sus manos se transforma en un indecente espectáculo de vanidad personal y mentira política.


 

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