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EDITORIAL

Belloch y su bestia dormida

La intención queda clara y es fiel a la estrategia diseñada desde Ferraz para hacerse con las víctimas del terrorismo etarra, con objeto de utilizarlas como arma política

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Cuando alguien como Juan Alberto Belloch, que lo ha sido casi todo en política, que ha regido los destinos de dos Ministerios y que actualmente es alcalde de una de las principales ciudades de España, salta a la palestra mediática cargado de cólera es que algo no marcha bien en el partido del Gobierno y en el Gobierno mismo. En un inesperado y sorprendente artículo publicado ayer en La Razón, el ex ministro de Felipe González dio un giro de tuerca más a la absurda campaña de desinformación masiva que ha seguido a la manifestación de la AVT en Madrid.
 
El estilo, simplemente lamentable. El alcalde de Zaragoza no escatimó ni insultos, ni descalificaciones ni amenazas veladas. Para Belloch, la convocatoria del pasado sábado no pasó de un “genuino acto fascista de exaltación de la violencia” por el que los dirigentes de la AVT deberían sentir vergüenza y dimitir de sus cargos. En definitiva, y como remate del despropósito, la pacífica manifestación del día 22, en la que no se produjo más incidente que un abucheo a José Bono, fue un completo “desastre cívico”. A poco que cualquier persona medianamente informada, y no digamos ya de los que asistieron a la manifestación, se preocupe de saber qué es lo que pasó el sábado por la tarde en la madrileña calle Alcalá, concluirá que el ex ministro no sólo miente sino que difama y calumnia.
 
¿Cuántas banderas fascistas se vieron en aquella convocatoria? Ninguna. ¿Cuántas detenciones se practicaron durante la marcha? Ninguna. ¿Cuántos heridos se cobró el presunto desastre cívico? Ninguno. ¿Cuántas cargas hubieron de realizar los antidisturbios de la Policía Nacional para contener a los “fascistas” que se congregaron entre Cibeles y la Puerta del Sol? Ninguna ¿A cuánto se elevan los destrozos producidos por la “violencia” de los manifestantes? A cero euros. Ningún cristal roto, ninguna papelera volteada, ningún contenedor ardiendo, ninguna ambulancia abriéndose paso entre la multitud, ningún detenido en la comisaría. Entonces, ¿dónde está esa exaltación de la violencia?, ¿dónde está el fascismo?, ¿quién tiene que dimitir?
 
Tras desacreditar a las víctimas y calumniar a los participantes en la manifestación, tachándolos nada menos que de fascistas, el antiguo magistrado, antiguo ministro, alcalde en ejercicio y columnista de ocasión se centró en su objetivo último, deslegitimar a la AVT haciéndola cómplice de una “salvajada” que sólo existe en su imaginación. La intención queda clara y es fiel a la estrategia diseñada desde Ferraz para hacerse con las víctimas del terrorismo etarra, con objeto de utilizarlas como arma política del mismo modo que el partido en el Gobierno dispone a placer de esa asociación de nuevo cuño presidida por Pilar Manjón. Con las víctimas de ETA maniatadas y amordazadas puede el Gobierno sentarse tranquilamente a negociar con los verdugos. Quizá lo esté haciendo ya y la AVT, modelo de dignidad y sacrificio, es un estorbo.
 
El recurso utilizado por Belloch no es por sencillo menos perverso. Siguiendo su guión delirante, la situación actual es muy parecida a la que vivió el último Gobierno del felipismo, asediado por un abstruso “sindicato del crimen” cuya labor fue organizar y armar a una multitud amorfa de fascistas. ¿Se refiere acaso Belloch al GAL, esa mafia terrorista montada desde el Gobierno y cuyos responsables terminaron entre rejas? Porque fascismo, lo que se dice fascismo, en tiempos de Felipe González no se dio por estos pagos, muy al contrario, en aquellos años de oprobio lo que los españoles padecieron fue un latrocinio generalizado desde el poder y la vergüenza de ver cómo desde el Ministerio del Interior se ordenaban secuestros y asesinatos. El resto son los fantasmas familiares de esa casta política criada entonces y que hace tiempo que se debería haber retirado de la política. Por decoro y por las más elementales normas de salud democrática.
 
Para rematar la faena, Belloch lanzó un cohete de explosión retardada. Si no se frena en seco a este tropel derechista lo previsible es que “otro sector” responda a sus provocaciones, ese “otro sector” es, por añadidura, más numeroso y pondría en jaque los intentos de radicalizar la sociedad española. Algo demencial sino fuese porque lo que se despacha es mucho más importante de lo que el munícipe zaragozano puede siquiera imaginar. Por mucho que se empeñe Belloch y los que le han inspirado el artículo no se puede resucitar a un muerto. La extrema derecha en España es inexistente. El resto de familias de la derecha política; los liberales, los conservadores, los democristianos, gozan sin embargo de una salud excelente. Y no sólo están perfectamente integradas en la convivencia democrática sino que fueron ellas las que devolvieron la democracia a España hace un cuarto de siglo. Vano intento el del ex ministro de despertar a una bestia que sólo vive –dormida– en su interior.

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